La mariposa monarca, el insecto migrador mejor viajero del mundo, cuenta con algunas poblaciones en nuestro país, tanto en Canarias como en la Península. Desde su lugar de origen, el continente americano, es capaz de atravesar el Atlántico en cuatro días si los vientos son favorables.
Mariposa monarca (Danaus plexippus).
Las citas de monarcas se suceden en diferentes puntos del mundo, desde las islas del Pacífico, Australia, Indonesia o Europa (Portugal, Francia, la Macaronesia, los países ribereños mediterráneos e incluso las Islas Británicas). Sin embargo, no en todos los lugares a los que llegan los adultos pueden formar colonias estables. Además de las condiciones climáticas que puedan encontrar en sus lugares de arribada, existe un factor determinante para que puedan asentarse: la presencia de las plantas nutricias de las que se alimentan sus larvas.
Asclepias curassavica
Estas plantas pertenecen a la familia de las
asclepiadáceas, y aunque algunas especies autóctonas (tanto de la Península como de Canarias) pertenecen a la misma, en la región del Estrecho-Los Alcornocales (Cádiz), es la presencia de dos arbustos foráneos la que mantiene a las poblaciones de mariposas.
Frutos, flores y porte del algodoncillo.
Se trata -además- de dos especies invasoras, la flor de sangre o algodoncillo (
Asclepias curassavica) y el árbol de la seda (
Gomphocarpus fruticosus). Las fotos, tanto de los insectos como de las plantas, fueron realizadas en Tarifa, Algeciras y Los Barrios.
Un imago de monarca alimentándose sobre una de sus plantas nutricias.
Asclepias curassavica es una especie procedente de América que se ha extendido por gran parte del mundo; en España cuenta con poblaciones dispersas por el litoral mediterráneo, Cádiz y Canarias. La hemos encontrado asociada a arroyos, cauces y caminos rurales. Se trata de una especie muy friolera que no se aleja de las zonas costeras.
Puesta de monarca.
Se puede encontrar en flor casi todo el año, sirviendo sus flores de alimento a los adultos de monarca. Las hembras realizan las puestas en el envés de las hojas, pudiéndose encontrar larvas a partir de junio.
Larva de Danaus plexippus.
El fruto se forma a partir de julio; las larvas son voraces consumidoras tanto de hojas como de frutos. Una vez maduros, los frutos se abren y dejan al descubierto sus semillas, que disponen en un extremo de un penacho de pelos que les servirá para dispersarse con el viento.
Fruto abierto de Asclepias curassavica.
La segunda especie, el árbol de la seda o
Gomphocarpus fruticosus, procede de África del Sur y ya cuenta con poblaciones asilvestradas en muchas zonas litorales del país, desde Gerona hasta Huelva, así como en los dos archipiélagos.
Árbol de la seda en un bujeo gaditano, acompañado por zarzamoras y acebuches.
Florece, asimismo, durante gran parte del año, aunque más abundantemente a partir de junio; en julio ya se encuentran los frutos formados (aunque sin madurar). Éstos son unos folículos inflados muy característicos, cubiertos por unos llamativos apéndices blandos que los hacen inconfundibles.
Gomphocarpus fruticosus en invierno.
En invierno se pueden encontrar (ya maduros y más desinflados) sobre las propias plantas. En esta estación, aunque alguna de sus especies nutricias no se encuentren en flor, hemos visto a las monarca libando sobre los azuzones (
Senecio aquaticus) o las vinagretas (género
Oxalis, también especie invasora), como muestra la última fotografía.
Una monarca activa en enero.