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domingo, 4 de septiembre de 2011

Flora amenazada: Hibiscus palustris

Entre todas las plantas que aparecen en los carrizales del norte destaca por su rareza Hibiscus palustris, un hemicriptófito perenne que, como indica su nombre específico, crece en humedales y zonas pantanosas de gran parte de las regiones frías y templadas del hemisferio norte.

Hibiscus palustris

Su presencia en España, sin embargo, sólo ha podido confirmarse hasta el momento en dos localidades cantábricas, una cántabra (Galizano) y otra guipuzcoana (Zarautz), por lo que se trata de una de las especies más amenazadas del país. Las fotos fueron realizadas en la primera población, a principios de agosto. En los enlaces, los detalles de ambas zonas.

Las flores nacen de largos pedúnculos en las axilas de las hojas superiores.

Aunque en las fechas indicadas hay pocos ejemplares en flor, en todos los individuos ya se puede observar el epicáliz (envuelta que rodea al cáliz) característico de estas malváceas, formado por hasta 15 piezas de forma linear-lanceolada. Los pocos ejemplares que se hayan en flor, se detectan a lo lejos, entre los carrizos y las espadañas, inaccesibles, con sus grandes pétalos de color rosa.

Ejemplares en flor entre carrizos y espadañas.

Aunque parte de la flora de este espacio ya fue presentada con anterioridad, también llama la atención la presencia de un arbusto asilvestrado (procedente de la coste este de Estados Unidos), empleado como especie ornamental en zonas costeras por su tolerancia a la salinidad, que coloniza con agresividad marismas y otros humedales costeros como el que nos ocupa. Como se aprecia en la última fotografía, en los carrizales de la playa de Galizano ya forma importantes poblaciones, con ejemplares que superan los dos metros de altura; desgraciadamente, la tendencia de esta especie es claramente expansiva, por lo que se hace necesaria su erradicación si se quiere preservar a la flora amenazada.

 Baccharis halimifolia

Hábitat: en primer término, el carrizal; más atrás se aprecia una pujante población de Baccharis halimifolia y -al fondo- una aliseda con sauces.


miércoles, 31 de agosto de 2011

Dos insectos en el carrizal

Un par de insectos vistos en el carrizal de la playa de Galizano (Cantabria).

Detenida sobre un malvavisco (Althaea officinalis), una esfinge abejorro (Hemaris fuciformis), una polilla diurna cuyas larvas se alimentan de madreselvas y otras caprifoliáceas. Parte de sus alas carecen de escamas, lo que deja a éstas parcialmente desnudas.

Hemaris fuciformis

Entre los carrizos un macho de la libélula Crocothemis erythraea, una especie bien distribuida por toda la Península Ibérica, propia de aguas estancadas o remansadas. Poseen la base de las alas coloreada de amarillo y un abdomen de base ancha que se estrecha paulatinamente hacia el final.

 Crocothemis erythraea

Hábitat: carrizales (Phragmites australis) con Althaea officinalis.

jueves, 25 de agosto de 2011

Algunas plantas del carrizal norteño

El carrizal, una formación vegetal muy extendida por nuestro país, ocupa un lugar intermedio entre los ecosistemas acuáticos y los terrestres, creciendo tanto en aguas estancadas como en cursos de aguas lentas, tanto en aguas dulces como soportando cierto grado de salinidad; por ese carácter de ecotono nos gusta, y vamos a presentar algunas de las especies que hemos visto en agosto prosperando tanto en su interior como en sus proximidades. Fotografías realizadas al nivel del mar (o unos pocos metros por encima) en la playa de Galizano (Cantabria).

Vista genérica del carrizal; el carrizo empieza a florecer en verano.

En las aguas del río, próximo a la orilla, encontramos al llantén de agua (Alisma plantago-aquatica), un hidrófito (es decir, una especie acuática cuyos órganos de renuevo se encuentran sumergidos bajo el agua); tiene hojas ovadas con la base cordada y frutos en aquenios.

Alisma plantago-aquatica

Los carrizos (Phragmites australis) se hacen dominantes en gran parte del terreno, especialmente donde las aguas se detienen y forman masas, pero también se meten en el río, compartiendo espacio con otras hierbas altas como las espadañas (Typha latifolia). Entre los carrizos se encuentra la hierba de la celada (Scutellaria galericulata), una labiada trepadora que ahora está en flor, de corola azulada.

 Scutellaria galericulata

En los terrenos más estabilizados (con algo más de suelo), encontramos una buena población de malvaviscos (Althaea officinalis), una malvácea perenne que alcanza cierta altura, también florecida.

 Althaea officinalis: hojas y flores.

 Detalle de la inflorescencia de A. officinalis.

Por fin, más hacia el exterior, con los suelos ya consolidados aunque expuestos a la acción de las crecidas o inundaciones, aparecen las primeras formaciones arboladas: los alisos hacen acto de presencia, acompañados de sauces (Salix atrocinerea); en el interior umbroso de la aliseda se encuentra la onagrácea Circaea lutetiana, una curiosa especie cuyas flores se caracterizan por tener dos pétalos, dos sépalos y dos estambres.

Circaea lutetiana