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domingo, 17 de junio de 2018

Vuelta a los páramos calizos



Aunque estuvimos el otoño pasado en los páramos calizos madrileños, nos habíamos quedado con ganas de ver en flor a alguna de las plantas vistas, así que la primera semana de mayo volvimos para realizar el mismo recorrido: esta entrada es una muestra de las especies y paisajes que encontramos ese día.

Comenzamos con dos pequeñas cistáceas muy extendidas en la zona: Helianthemum asperum (matita perenne)...

... y Helianthemum salicifolium (herbácea anual).

Al lado de la especie anterior crece el trigo del diablo (Echinaria capitata).

La amapola macho (Papaver argemone).

La espectacular centaurea real, Anagallis monelli.

Otra especie muy común por la zona con una floración muy llamativa: la globularia mayor (Globularia vulgaris).

Una de las especies que queríamos fotografiar: Hormathophylla lapeyrousiana. Con flores y primeros frutos formados.

Hormathophylla lapeyrousiana

Flor de lino azul (Linum narbonense).

Senecio gallicus

La almorta de monte o cicércula (Lathyrus cicera) entre los pastizales del camino.

Sufrútices (aulagas, tomillos, linos, cistáceas, etc.) en los taludes próximos al olivar.

En el anterior hábitat vive la lagartija colilarga (Psammodromus algirus).

Asperula arvensis, una rubiácea que se encuentra en caminos y cultivos extensivos.

La mostaza silvestre (Sinapis arvensis) puede alcanzar el metro de altura.

Klasea pinnatifida gusta de terrenos calizos; esta compuesta forma estos "céspedes" continuos en algunos huecos del quejigar.

Ahora encontramos a la aulaga almohadillada (Genista pumila) en flor.

Detalle de las flores de Genista pumila.

Estos suelos rocosos y casi descarnados solamente son aptos para las especies más resistentes: en este caso, junto a un ejemplar semiesférico de G. pumila crece un ejemplar de Lithodora fruticosa.

Restos de encinares y quejigares conviven con romerales, esplegueras, tomillares y otros matorrales basófilos, además de superficies cultivadas.

También se encuentran restos de construcciones humanas, como esta edificación para pastores.

Esta vez no nos cruzamos con las avutardas, pero sí con uno de los más genuinos representantes alados de los campos cultivados y terrenos abiertos: el triguero. No es lo mismo, claro.

Ya nos habíamos referido a la variedad de sustratos de la zona. En la parte de los yesos fotografiamos al arnacho (Ononis tridentata), que todavía no ha florecido.

Otra aulaga (Genista scorpius) en flor destaca en los terrenos sin cultivar.

Argyrolobium zanonii, es una matita de nuestra flora que recibe muy acertadamente el nombre vulgar de "hierba de plata". Ha sacado sus primeras flores.

La pamplina (Hypecoum imberbe), una hierba de la familia de las amapolas...

...y su pariente Hypecoum pendulum, ambas en flor.

Una linaria vivaz que encontramos en campos de cultivo (donde cada vez escasea más) y caminos: Linaria hirta, con una floración muy llamativa y una buena talla (puede superar el medio metro de altura).

Linaria hirta: detalle de las flores.

Vista de la ruta en la que se aprecian varias unidades de vegetación y clases de suelos diferentes.

Las nuevas hojas del zumaque (Rhus coriaria) conviven con los frutos de la temporada pasada.

Terminamos con más hojas nuevas, en este caso del quejigo (Quercus faginea), y con el verde brillante de los cereales que crecen a su vera. Qué primavera más buena hemos tenido.


viernes, 24 de noviembre de 2017

Por las parameras calizas del sur madrileño


Visitamos durante octubre los páramos calizos madrileños, localizados al sureste de la provincia, pegados a tierras castellano-manchegas. Estamos entre los 700-850 m de altitud en un paisaje coronado por páramos o cerros como el de la imagen, donde se alternan diferentes tipos de vegetación. 

Desde los páramos superiores el relieve desciende hacia los valles inferiores a través de las denominadas vertientes de páramos. Los restos de bosques esclerófilos localizados en los terrenos superiores dejan paso a los terrenos agrícolas, con almendros, olivos y otros cultivos herbáceos extensivos.

No obstante, los paisajes en mosaico son la tónica general, encontrándose una gran variedad de teselas de vegetación juntas que mantiene cierta armonía entre sí.

Al lado de los caminos también se encuentran enclaves de roca caliza, margas y a veces yesos que no han sido cultivados y mantienen restos de vegetación natural con especies interesantes.

La umbelífera Bupleurum fruticescens destaca entre la hierba pincel.

Los zumaques (Rhus coriaria) se han asilvestrado en buena parte del territorio, llegando a formar importantes zumaqueras en algunos bordes de fincas. Aquí vemos a unos jóvenes ejemplares entre los olivos.

Detalle de las hojas y frutos del zumaque (Rhus coriaria).

Una crucífera leñosa, Hormathophylla lapeyrousiana, con los frutos en forma de pequeñas cucharas. Una especie interesante por ser poco abundante en Madrid.

La hierba pincel (Staehelina dubia) formando una densa maleza a los pies de un olivo.

Centaurea solstitialis (conocida como abremanos), con los capítulos ya secos. Una centaurea de suelos calcáreos.

Seseli tortuosum, floración.

Un licénido y una abeja en una de las últimas flores de Centaurea aspera.

Nos encontramos con estas nueve avutardas paseando por tierras labradas. Y ese día el teleobjetivo a por uvas. Vale.

Recorte de la foto anterior. Imposible olvidar la anécdota que contaba Fernando, que escribió una postal desde Escocia a la atención de nuestro amigo Quique, que estaba en tierras zamoranas estudiando a las avutardas, dirigida a "Ese de Madrid que va para las avetardas. Villafáfila. Zamora. SPAIN"... y llegó a su destino. Bien por los funcionarios de correos.

Un espino de tintes (Rhamnus infectoria) en los setos que bordean un olivar con un aspecto lamentable (a punto de secarse).

El cardo heredero (Atractylis humilis), de cepa leñosa.

Aquí vemos la característica silueta de Odontites viscusus (subsp. australis), que florece a partir del verano y en el otoño.

Un detalle de las ramas de Odontites viscosus...

... y una tercera foto que muestra la inflorescencia.

Lomelosia stellata

Un escarabajillo colorido sobre las flores de Hirschfeldia incana, la rabaniza o amargo amarillo.

Una foto resumen con las especies señeras de los páramos calizos: carrascas, quejigos, espliegos, salvias, tomillos, espartos, Genista scorpius y otras leñosas de bajo porte.

Euphorbia falcata

Pallenis spinosa

Marrubium supinum, con las últimas flores.

Jasonia tuberosa, con las inflorescencias ya pasadas, de nombre vulgar "té de burro".

Echinops ritro, el cardo yesquero.

Otra vista de los mosaicos que conforman la vegetación de los páramos, con encinares adehesados cultivados y restos de bosques y matorrales naturales.

El alhelí Matthiola fruticulosa.

Una interesante genista pinchuda llega a algunos enclaves madrileños desde las zonas de paramera del vecino Sistema Ibérico: se trata de Genista pumila, de porte semiesférico.

Detalle de las ramas de Genista pumila: una especie a proteger en nuestra región.

Otra planta escasa en Madrid: Achillea ageratum (con alguna inflorescencia fresca en esta época del año, no en la fotografía).

Y finalizamos con dos compuestas, en primer lugar la cuchara de pastor (Rhaponticum coniferum)...

... y los restos de Carduncellus monspelliensium, el cardo arzolla.