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viernes, 6 de abril de 2012

Por los aljezares y encinares del sur madrileño

01/04/2012: Sur de Madrid (entre Colmenar de Oreja y Villamanrique de Tajo).

Recorrido por el sur de la región, en una zona donde predominan los sustratos de tipo sedimentario (yesos) sobre una altitud media de 650 m.




Encontramos buenas muestras de encinares, atochares, albardinales y matorrales gipsícolas o aljezares (aquellos que crecen sobre los yesos); algunos kilómetros antes se atraviesa un excelente bosque de pino carrasco (probablemente autóctono), afortunadamente inaccesible para los visitantes. Más adelante los encinares van dando paso al paisaje de campiña, con cultivos herbáceos y alguna parcela de olivos en las partes más llanas.






La falta de lluvias acentúa el aspecto ya de por sí árido de estos paisajes; de momento pocas especies lucen en flor. Sobre los yesos crecen Helianthemum squamatum, Gypsophila struthium, Centaurea hyssopifolia, etc. Buenas poblaciones de Ephedra nebrodensis, que forma unos densos arbustos casi tapizantes (¿adaptación al diente del ovino?).


Matorrales gipsícolas con predominio de Centaurea hyssopifolia.


Ephedra nebrodensis

La especie más tempranera en florecer es la carrasquilla o hierba de las siete sangrías (Lithodora fruticosa), el arbusto que mayor número de flores abiertas presenta y el más visitado por varias especies de dípteros y abejas.



Entre las cabezuelas secas de Centaurea hyssopifolia destacan algunos ejemplares de lechetrezna Euphorba serrata, con las flores casi abiertas.




En las zonas de ladera abundan los espartos o atochas (Stipa tenecissima), que forman densas macollas y de momento no parecen tener prisa por florecer; otra gramínea perenne pariente del esparto, el albardín (Lygeum spartum), forma pequeños rodales en las zonas inferiores, donde se acumulan sales.



Atochas (Stipa tenacissima).


Lygeum spartum

Los encinares mantienen el tipo frente a las altas temperaturas y falta de agua; crean un ambiente más fresco en sus inmediaciones, por lo que algunas especies aprovechan para crecer a su vera, como el espino negro (Rhamnus lycioides) o incluso las coscojas (Quercus coccifera).


Tronco de encina.


Rhamnus lycioides


La hoja de la coscoja es glabra (y del mismo color verde brillante) por ambas caras...


... mientras que la de la encina presenta el envés tomentoso y el haz de un tono apagado. Sobre esta encina, una Iphiclides feisthamelii.


Algunas aulagas (Genista scorpius) de gran porte también crecen junto a las encinas, siendo prácticamente la única especie en flor del encinar.



En una hacienda abandonada encontramos un árbol que llama nuestra atención: se trata de un enorme pino carrasco con el tronco partido a media altura cuyas ramas han seguido creciendo pero hacia abajo, de manera que sus hojas forman una densa maraña que cubre un amplio perímetro; las ramas han tenido que ser apuntaladas con altas estacas.







Se adjuntan algunas fotos comparativas entre el tamaño del pino y la hacienda. Los conos masculinos del pino se encuentran a punto de madurar.







Maquinaria agrícola abandonada.

martes, 21 de junio de 2011

Flora basófila de Hoyo de Manzanares

03/06/2011: Hoyo de Manzanares (Madrid), en las inmediaciones del núcleo urbano. A unos 950 m de altitud. Visita a una zona de flora basófila localizada entre los berrocales graníticos, lo que supone la aparición de especies adaptadas a este nuevo sustrato, único hasta donde sabemos en la Sierra de Hoyo.

Matorrales basófilos con Genista sorpius.

Aquí, bajo los granitos que descienden de la sierra, aparecen diferentes capas de suelos, unas de textura arenosa junto a otras de aspecto arcilloso, así como restos de antiguas canteras, ahora convertidos en pequeños humedales. La alternancia de suelos favorece la mezcla de especies, por lo que junto a las plantas exclusivas de suelos básicos, crecen otras de suelos arenosos.

Así, la vegetación se presenta como un matorral alto, abierto, que aparece junto a una extensión de matitas bajas y ralas que crecen sobre suelos arenosos, y unos pastizales que son aprovechados a diente por el ganado (el día de la visita, un rebaño de cabras pertenecientes a la raza del Guadarrama pastoreaba la zona).

Genista scorpius en fruto.

El arbusto de mayor tamaño que ocupa buena parte del mencionado terreno es la aulaga, Genista scorpius, ahora en fruto. La población de esta aulaga pinchuda sirve de refugio a otras especies de suelos básicos frente al diente del ganado, permitiendo que se desarrollen entre sus ramas o bajo ella, como sucede con los linos (Linum suffruticosum), que asoman sus flores por encima de esta leguminosa.

 Linum suffruticosum en flor, creciendo entre las aulagas.

Helianthemum hirtum

Helianthemum cinereum

Hojas basales de Helianthemum cinereum.

Otras especies que se encuentran en el aulagar son las jaritas Helianthemum cinereum y H. hirtum, ambas en flor. Otros sufrútices bajos, en este caso de la familia de las leguminosas (no presentes únicamente en suelos básicos, sino también en suelos arenosos), son Coronilla minima e Hippocrepis commutata (también en flor, la segunda formando los primeros frutos).

Coronilla minima 

Hippocrepis commutata 

Otras especies únicas o escasas en la zona de Hoyo que pueden verse por los alrededores son Sideritis incana, Echium asperrimum, Convolvulus lineatusReseda phyteuma, Argyrolobium zanonii, Thymus vulgaris o el garbancillo Astragalus cymbaecarpus (identificado provisionalmente así, aunque no se tomó muestra por existir pocos ejemplares).

Astragalus cymbaecarpus, con frutos.

Entre las especies anuales destacables en esta parte de la sierra se encuentra el rompesacos o trigo borde, Aegilops geniculata (también en flor), especie propia de pastizales, barbechos y suelos poco compactos.

Aegilops geminata 

Cabras del Guadarrama

Detalle de esta raza, aprovechando los pastos de la zona.

Algunas especies de la zona granítica y sus arenas de descomposición vistas en flor y abundantes por toda la sierra son la leguminosa Hymenocarpos (Anthyllis) lotoides o Jasione montana.

Hymenocarpos (Anthyllis) lotoides

Encinas y enebros entre berrocales sobre los pastizales de la zona; a la derecha, sauceda, indicadora de la presencia de agua.

Los pequeños humedales que aparecen contribuyen a incrementar el valor natural y paisajístico del área, permitiendo la existencia de retazos de choperas y saucedas, a los que acompañan en las orillas la umbelífera Oenanthe crocata, el nabo del diablo, también en flor, o la orquídea Serapias lingua. Entre los insectos pueden observarse ahora los caballitos del diablo Lestes barbarus, muy frecuentes en los juncales que rodean a estas lagunillas.

 Humedal con sauces y chopos.

Serapias lingua 

 Lestes barbarus

miércoles, 25 de mayo de 2011

Las calizas de Guadalix en primavera

En las proximidades de Guadalix de la Sierra (Madrid), a 900 metros de altitud, se encuentra otro de los enclaves calizos del norte de la región que proporciona refugio a las especies basófilas, del mismo modo que sucedía entre El Vellón y Torrelaguna.

Dado que durante la primavera florecen gran parte de las especies allí presentes, se muestran algunas de éstas a lo largo de la estación, si bien se trata de un esbozo somero de la rica biodiversidad vegetal presente en la zona.

Floración de los matorrales bajos: linos, hipocrepis, siemprevivas (Helichrysum), etc.

Uno de los arbustos primeros en florecer es la aulaga (Genista scorpius), una leguminosa pinchuda muy frecuente en casi toda la España caliza, que aquí comienza su floración en marzo. Acompaña a los restos de enebrales, romerales y tomillares, haciéndose dominante en muchos puntos.

Genista scorpius

Varias aulagas en flor acompañan a los enebros (Juniperus oxycedrus) de la zona.

A  comienzos de abril se encuentran ya en flor las jarillas y -en general- las cistáceas de menor tamaño (como Fumana thymifolia, F. procumbens o Helianthemum cinereum), así como otras matas leñosas como la pequeña bufalaga Thymelaea pubescens, la hierba de las siete sangrías (Lithodora fruticosa) o la leguminosa Argyrolobium zanonii.

 Thymelaea pubescens

Fumana thymifolia

Mientras que Fumana thymifolia es una especie poco elevada y apenas leñosa, con pelos glandulíferos y con hojas opuestas, F. procumbens es otra especie rastrera del mismo género, más leñosa y con hojas alternas o agrupadas en pequeños haces.

Otra de las matillas, muy abundante en la zona, a veces al lado de cunetas y caminos, es la crucífera Alyssum serpyllifolium, que también empieza a florecer en abril.

Fumana procumbens

Alyssum serpyllifolium

Pasado abril, ya a mediados de mayo pueden encontrase en flor (entre otras) Sideritis incana, Helianthemum hirtum, la madreselva Lonicera etrusca, el rosal silvestre Rosa micrantha, Convolvulus lineatus, el lino Linum suffruticosum, etc. Una de las especies más llamativas que crece en estos tomillares y arbustedos bajos es la primulácea Coris monspeliensis, de la que se adjunta un detalle de las flores y los cálices de su inflorescencia.

Coris monspeliensis

Sideritis incana

Detalle de la inflorescencia de Sideritis incana.

Polygala monspeliaca

Aunque casi todas las especies mostradas son sufrútices o pequeñas matillas perennes de base leñosa, también hay superficies del terreno ocupadas por pastizales de terófitos o hierbas anuales, entre cuyas especies destaca ahora Polygala monspeliensis, de flores blanco-verdosas.

Vista de los encinares sobre calizas, con el embalse de El Vellón o de Pedrezuela por medio.

Para acabar, mencionar la existencia de retales de bosquetes mediterráneos y submediterráneos, con encinas, quejigos (Quercus faginea) e, incluso, alguna sabina albar suelta (Juniperus thurifera), además de bosques riparios como saucedas, choperas y fresnedas en las proximidades del embalse y sus arroyos tributarios.

Hojas de quejigo (Quercus faginea).

Sabina albar (Juniperus thurifera), porte.