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jueves, 25 de abril de 2019

El sauce de Laponia (y otros sauces pirenaicos)

El sauce de Laponia (Salix lapponum) es un arbusto de un metro de altura que habita buena parte del norte de Europa y Asia hasta Siberia, pero que en España solamente se conoce de unas pocas poblaciones en el pirineo catalán: visitamos en julio una en el Valle de Arán (Lérida) que se encuentra a 1.900 m.

Se trata de una especie que crece en zonas despejadas, por encima del límite del bosque, sobre turberas o suelos permanentemente húmedos. El ganado caballar aprovecha estos pastos a diente.


En estos prados húmedos crece la hierba algodonera (Eriophorum angustifolium).

Varios ejemplares de Salix lapponum junto a algunos de los arbolillos sueltos que alcanzan esta cota (abedules y pinos negros, Pinus uncinata).

Vista del característico envés de la hoja de Salix lapponum: es brillante por estar completamente cubierto de pelos adpresos seríceos.

Más ejemplos del aspecto del envés de las hojas, con algún haz a la vista, de color algo más oscuro, al menos en este ejemplar. Las hojas miden 1,5-4 x1-2 cm, son elípticas u oblongo-lanceoladas, con el margen entero. 

Otro sauce lapón, en este caso con las hojas más estrechas que los anteriores ejemplares. Flora iberica cita a la especie como Salix ceretana (o S. lapponum subsp. ceretana), nombre dado por el Profesor Pedro Montserrat.

Pedicularis pyrenaica

En un talud cercano, por encima del nivel del agua, encontramos un grupo de sauces pirenaicos (Salix pyrenaica) cubriendo buena parte de la superficie y acompañados por rododendros.

Salix pyrenaica

Rhododendron ferrugineum

Veronica ponae

Porte postrado y aspecto general de Salix lapponum.

Acompañando a los sauces lapones, sobre estos suelos pobres en bases y cerca de las corrientes de agua, encontramos varias ericáceas, megaforbios y otras especies de sauces.


Ejemplo de megaforbio es el vedegambre (Veratrum album), que ahora se encuentra en flor.


Otra especie de sauce arbustivo que convive con el sauce de Laponia y que en nuestro país se encuentra solamente en Pirineos por encima de los 1.700 m de altura: Salix bicolor. Estos ejemplares miden aproximadamente un metro (aunque la especie puede alcanzar los 2 m de altura). Posiblemente se hibriden con S. lapponum (se ven individuos con características intermedias).

Detalle de las hojas de otro Salix bicolor (con una agalla). Recibe este nombre nombre, obviamente, por el diferente (y contrastado) color que tienen las caras de sus hojas: el haz es verde oscuro y brillante, mientras que el envés es mate y claro. Son glabras por ambos lados.

En el arroyo viven las ranas bermejas (Rana temporaria).


Una bonita rosácea amante de trampales y pastos húmedos: la cincoenrama (Potentilla palustris); hojas y detalle de la flor.

Seguimos en el Valle de Arán, pero descendemos algo (por debajo de los 1.500 m, hasta la Artiga de Lin) para mostrar a otro sauce arbustivo que me generó muchas dudas: me recordaba a S. hastata (hay alguna cita antigua de dicha especie por aquí), así que estuve dando la brasa (enviando correos y fotos) a Pere Aymerich, quien me atendió amablemente y me explicó que muy probablemente se trate de un sauce híbrido (de Salix atrocinerea con alguna otra especie). Muchas gracias, Pere.

Porque la verdad es que el aspecto mosquea bastante. Pese a ello, ni por el tipo de margen, ni por la forma/tamaño de las estípulas (o la posible presencia de algo de pubescencia por el envés) podría corresponder con un Salix hastata "típico" del pirineo central.
 

Dos fotografías de Salix hastata, para comparar. Es una especie que habita en la alta montaña, como ya vimos. Su floración es coetánea con la salida de las hojas.

En la Artiga de Lin también vimos a estas llamativas gencianas amarillas (Gentiana lutea).

Destacamos, por último, a otra especie de sauce que puede aparecer en la alta montaña pirenaica, generalmente de buena talla (puede hacerse un arbolito), que presenta cierto parecido con el sauce lapón: se trata del sauce cabruno o Salix caprea. Es una especie muy buscada y ramoneada por el ganado y los ungulados silvestres, por lo que a veces se encuentran ejemplares "arbustivos" como este.

Las hojas son anchamente ovadas, con el envés (en la foto) de aspecto apagado, por estar completamente cubierto de un denso tomento.

jueves, 4 de octubre de 2018

Ordesa en septiembre

Aprovechamos la estancia en Jaca durante la primera semana de septiembre para acercarnos un día al Valle de Ordesa (Huesca), uno de los lugares emblemáticos de la naturaleza española (acaba de cumplir ahora cien años como Parque Nacional). Vamos a recorrer la ruta más conocida de todas: la que parte desde la pradera (1.300 metros de altitud) y, pasando por las Gradas de Soaso, asciende hasta la Cascada de la Cola de Caballo (1.755 m).

Nos encontramos en la cuenca del río Arazas y, entre ida y vuelta, al final son casi 18 kilómetros de ruta: no sé por qué, pero la recordaba más corta (síntoma inequívoco de "viejunez"...). Recorremos fundamentalmente ambientes boscosos eurosiberianos (hayedos, abetales, bosques mixtos, etc.), pero también praderas, megaforbios, laderas rocosas, gleras y otros medios rupícolas, por lo que la variedad de especies es enorme. Traemos una muestra de las plantas que encontramos por el camino.

Al principio de la ruta encontramos abetos, pinos (como en esta foto) y especies caducifolias como el fresno (Fraxinus excelsior) de la foto anterior.

Olmo de montaña (Ulmus glabra) y sargas (Salix eleagnos) frente al abetal.

Acer platanoides

Otro arce, el acirón (Acer opalus).

Sotobosque con matorral de Emerus majus.

Frutos del falso regaliz (Astragalus glycyphyllos).


Algunos abedules empiezan a amarillear.


La belladona (Atropa belladona) con los primeros frutos y las últimas flores.


Frutos e inflorescencia de la sabuda (Angelica sylvestris).

Donde se rompe el bosque se generan nuevas oportunidades y siempre prospera la vida.

Una madreselva arbustiva que en España vive solamente en Pirineos: Lonicera nigra, con sus bayas oscuras características.

Aspecto del ramaje y hojas de Lonicera nigra.

Prenanthes purpurea

Un gusano del género Gordius, muy abundante en toda la ruta, que habita próximo al agua. Se trata de un ser inquietante cuyas larvas parasitan a diversas clases de artrópodos.

Otro arbusto del noreste ibérico, la leguminosa Cytisophyllum sessilifolium, con frutos.

La oreja de oso (Ramonda myconi), una especie rupícola, ya sin flores.

En un paredón rezumante fotografiamos a las grasillas (Pinguicula longifolia), una especie insectívora, y a las Parnassia palustris, de flores blancas.


Hojas y porte del arbolillo Salix caprea.

Laserpitium nestleri


Llegamos al bosque de las hayas.

Estamos todavía en verano pero llueve todas las tardes: se ven bastantes setas, al menos para lo que esperaba para esta época del año.

Rosa villosa

Astrantia major, una umbelífera propia de ambiente nemorales.

Bupleurum falcatum


Laserpitium siler, porte y frutos.

Pedicularis foliosa

Aconitum vulparia, un habitante de los megaforbios.

Avanzadilla de fresnos (Fraxinus excelsior) en la pradería.

Frutos maduros del pudio (Rhamnus alpina).

Leuzea centauroides, una especie que supera el metro de altura.

Serbal de cazadores (Sorbus aucuparia) con fresnos, abedules, etc.

Eryngium bourgatii

Varios ejemplares de Centaurea scabiosa.



Gentiana cruciata

Vista parcial de las Gradas de Soaso. Aunque no están tan agobiantemente concurridas como en agosto, es imposible hacer una foto sin que aparezca gente en los alrededores.

Rhinanthus pumilus, la cresta de gallo.

Pinos royos (silvestres) y abedules creciendo en una ladera.

Lagartija roquera (Podarcis muralis) tomando el sol.

Otra madreselva: Lonicera pyrenaica, porte.


Scabiosa columbaria, una hierba perteneciente a la familia de las dipsacáceas.


Espectaculares vistas del circo glacial, poco antes de alcanzar la cascada. Hemos dicho que todas las tardes llovía, ¿verdad?


El erizón Echinospartum horridum todavía mantiene algunas flores. 


Esta tarde no es una excepción: nos da para hacer una foto rápida a la cascada antes de que se ponga a jarrear.


Durante el descenso, cuando para de llover, volvemos a sacar la cámara para disparar algunas fotos más. En este caso se trata de la umbelífera Laserpitium gallicum, con folíolos terminales lanceolados.

Población de Mercurialis perennis en el suelo del hayedo.

Lactuca muralis

Veronica ponae

Galeopsis angustifolia

Scrophularia alpestris

Flores de Antirrhinum majus.

Ambiente del hayedo-abetal.


Artemisia vulgaris, el ajenjo.

Las hojas de la boraginácea Pulmonaria affinis, otra planta del interior del hayedo.

Las hayas (Fagus sylvatica) al atardecer.

Una curiosidad: la foto que encabeza el blog la hice hace tres años aquí mismo; vuelvo a disparar sobre el tronco caído (sus restos) y comparo. Durante este periodo los fresnos han crecido significativamente más que los pinos; por su parte, las sargas también han pegado un buen estirón...

Otra especie señera del hayedo: la uva de raposa (Paris quadrifolia), una herbácea perenne.

En este caso, otra uva de raposa con el fruto que da nombre vulgar a la especie.

Vista al atardecer de las imponentes moles calizas que bordean al río Arazas.

Ajedrea (Satureja montana).

También la lantana o morrionera (Viburnum lantana) presenta los frutos con un aspecto plenamente otoñal.



Con los frutos y hojas de otra umbelífera más, Laserpitium latifolium, nos despedimos de Ordesa: majestuosidad, espectacularidad, diversidad y muchos recuerdos acumulados. Ya estoy deseando volver de nuevo.