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jueves, 13 de diciembre de 2018

Las espadañas (menudo puro)

Vamos a dedicar una entrada a las espadañas (género Typha). Se trata de un género fácil de identificar, si bien la separación entre especies plantea algunos problemas. Son plantas herbáceas perennes, con tallos erectos y rizomas horizontales que presentan largas hojas lineares y envainadoras (con una vaina que rodea al tallo). Las flores se presentan en inflorescencias terminales separadas (arriba las flores masculinas y abajo las femeninas).

Se encuentran siempre cerca del agua y en España viven tres especies: Typha latifolia, T. angustifolia y T. domingensis.

Nos centraremos en los macrocaracteres más importantes que hay que estudiar para asegurar la correcta identificación de las especies, que son estos tres: inserción de la hoja en el tallo, presencia de glándulas en la cara interna de hoja y características de la inflorescencia femenina (lo que se conoce habitualmente como el puro).

Comenzamos con Typha latifolia, una especie muy conocida. Esta espadaña es la única que tiene las inflorescencias juntas, una a continuación de la otra (en las otras especies existe una separación evidente -y variable- entre las flores masculinas y femeninas). El puro es de color marrón oscuro o negro, una vez maduren las flores; este es el aspecto que presenta un ejemplar en julio en La Coruña, con las flores masculinas ya pasadas.

Este otro ejemplar de Lugo todavía tiene las flores verdes.

Como indica su nombre, lo de "latifolia" viene por disponer de unas hojas más anchas que las otras dos especies ibéricas: hasta 25 mm, frente a los 5-15 de T. angustifolia o los casi 10-20 mm de T. domingensis.

Las hojas son auriculadas y carecen de glándulas en su interior. Es una especie que se identifica sin problemas y se separa con facilidad de sus otras dos parientes.

Inflorescencia femenina parcialmente abierta de Typha latifolia. Las flores carecen de bractéolas y destaca el aspecto con forma de lengua de los estigmas, de color marrón oscuro, en el extremo final de las flores.

Vista de una población de T. latifolia a finales de verano. En general, es una especie con un aspecto más contundente o menos estilizado que las otras dos espadañas. Está bien representada a lo largo y ancho de toda la Península e islas Baleares. Vive en multitud de medios permanentemente inundados: orillas de ríos y arroyos, charcas, lagunas, etc., donde se presenta en forma de rodales.
 
Aspecto de una magnífica población en la Laguna de Cospeito, en Lugo.
 
En este carrizal de Costa da Morte (La Coruña) fotografiamos a la segunda especie: Typha angustifolia, la más rara de nuestras espadañas. La diferencia más evidente entre las dos siguientes especies con respecto a la anterior es, como ya se ha mencionado, la separación que existe entre las flores masculinas y las femeninas, además de una apariencia general más grácil.

Vista de las flores de Typha angustifolia de la población anterior en el mes de julio. Los puros son de un color café con leche (o chocolate), en general no tan oscuros como en la especie precedente, y significativamente más estrechos (ojo porque el color puede variar en función de la madurez de las flores y, en las fotos, de las condiciones de luz existentes en el momento de hacerlas).

Otra población de Typha angustifolia, también coruñesa, con el puro algo más claro.

Aunque según anthos.es esta espadaña aparece irregularmente repartida por buena parte del territorio peninsular, hay que tomar con precaución esta distribución, pues muchas veces se ha confundido con la siguiente especie. Es la más escasa de las tres, sin lugar a dudas. Según Santos Cirujano suele estar presente en los humedales pertenecientes al piso de vegetación supramediterráneo (el del roble melojo), en aguas más frescas (y, desde luego, sin contaminar). Entendemos que se refiere principalmente a la distribución en el centro del país (las fotos mostradas de las poblaciones gallegas se encuentran casi a nivel del mar).

Detalle de una de las plantas de la población anterior, donde se aprecia la separación entre la parte masculina y la femenina.

Interior de la inflorescencia femenina. Al abrir la flor se aprecian varias cosas: en primer lugar, la importante presencia de pelos en el raquis de las flores, lo que le proporciona al fruto ese aspecto plumoso que le ayuda a "volar" y desplazarse cuando madura; en segundo, la presencia de los estigmas (de color marrón rojizo) en el extremo de las flores y, bajo los anteriores, las bractéolas de color marrón y los carpodia (ver la siguiente especie).

Detalle de una bractéola en el centro de la imagen (a la izquierda, varios estigmas). Cada flor puede llevar varias bractéolas filiformes que se ensanchan en el ápice, que en T. angustifolia se caracteriza por ser de color oscuro y obtuso: este carácter, que no es fácil de ver ni siquiera con lupa, es relevante para poder diferenciarla de T. dominguensis.

Hojas de Typha angustifolia que, como su nombre indica y ya se ha mencionado, son mucho más estrechas que las de T. latifolia.

Son auriculadas, lo que significa que en la parte que abraza al tallo presentan este ensanchamiento con aspecto de "orejita" (con el borde membranoso y color herrumbre) que muestra la fotografía.

Cara interna de la hoja de Typha angustifolia, donde se aprecia bien la aurícula y el aspecto interior de la vaina. En esta especie la presencia de glándulas mucilaginosas (de aspecto oxidado) se limita a los laterales (en caso de que aparezcan), pero no al centro del interior de la vaina.

Aspecto externo de la hoja auriculada de otro ejemplar de Typha angustifolia...

... e interno, sin glándulas.

La tercera especie es Typha domingensis. Destaca por sus inflorescencias separadas y el puro de color canela, en general más grueso y claro que en T. angustifolia.

Detalle del extremo del puro de Typha domingensis. Es una especie abundantísima, presente en toda la Península, Baleares y Canarias, que coloniza con rapidez humedales someros y otras zonas lacustres, donde forma extensas manchas. Adaptada a aguas contaminadas, desplaza a las otras especies allí donde la calidad de las aguas es mala. Se puede hibridar con las otras espadañas (bueno, en realidad las tres especies pueden hibridarse entre sí).

Aspecto general de las inflorescencias ya pasadas. Fotografía correspondiente al mes de agosto en las proximidades del Desfiladero de los Gaitanes, Málaga.

A diferencia de T. angustifolia, las hojas habitualmente no son auriculadas (a veces algunas hojas superiores pueden presentar dos aurículas asimétricas). Es decir, aunque también se produce un engrosamiento de la hoja al abrazar al tallo, dicha extensión se produce de una manera paulatina, sin que se llegue a formar la aurícula.

Aspecto de las hojas basales de T. domingensis en agosto (Granada). La presencia (o ausencia) de hojas auriculadas hay que hacerla en las hojas superiores, no en la parte inferior de las plantas.

Otro ejemplar de Typha domingensis mostrando la ausencia de aurículas en las hojas.

Interior de la hoja: está completamente cubierta de glándulas mucilaginosas, tanto por los laterales como por el interior de la vaina. Esta es una diferencia significativa que hay que comprobar para diferenciar a las dos últimas espadañas.

Inflorescencia de Typha domingensis, tras abrirla para ver su contenido. Como en el caso de T. angustifolia, las flores de esta especie también presentan bractéolas, aunque de un color y forma algo distintos.

Partes de la flor de Typha domingensis: 1. Bractéolas (la de la derecha tiene por detrás un estigma que no debe confundirse con la punta de la propia bractéola), traslúcidas y con algunas células de color naranja. 2. Carpodium: estructura traslúcida con forma de porra, más grande que las bractéolas, presente en las tres especies de espadañas; probablemente proceda de alguna célula embrionaria modificada, aunque su función no está clara. Es importante conocer su existencia, sobre todo porque puede confundirse con las bractéolas. Inexplicablemente, buena parte de la bibliografía no suele mencionarla en las descripciones de la flor cuando se presenta el género Typha. 3. Ovario de forma fusiforme.

Como indicábamos, desde el punto de vista taxonómico tiene interés la forma y el color de la bractéola: en T. domingensis son traslúcidas, de color anaranjado y acuminadas (terminadas en punta). Estas dos características sirven para diferenciarla de T. angustifolia. Insisto en la presencia de los carpodia (plural de carpodium): estas estructuras están presentes en las tres especies y son susceptibles de ser confundidas con las bractéolas.

Typha domingensis es la especie más resistente a la contaminación y tolera (incluso coloniza) aguas altamente eutrofizadas. No es el caso de la imagen, pues se trata de una población que vive en la cuenca alta del Manzanares, en la rampa serrana de la Sierra de Guadarrama. Aspecto a finales de septiembre.

Puros de T. domingensis abriéndose y dispersando los frutos en el mes de enero, en pleno invierno, en otra población de la Sierra de Guadarrama. Como es conocido, al madurar los frutos (con aspecto de pelusa blanca) el viento los dispersa a distancias considerables, por lo que esta especie puede terminar colonizando prácticamente cualquier zona con presencia constante de agua, aunque esta sea de baja calidad.
 
Por ejemplo, en Madrid la hemos visto crecer profusamente en una pequeña zona encharcada en un parque urbano. Aquí vemos a una de estas espadañas capitalinas con las flores todavía sin abrir, en el mes de junio.
 
Finalizamos con una fotografía resumen que muestra a los tres puros en verano, para que el lector pueda hacerse una idea del color, grosor y aspecto general de los mismos, siendo de izquierda a derecha:

1. T. latifolia
2. Typha domingensis
3. Typha angustifolia
 
 

domingo, 4 de marzo de 2018

Agunas fotos del invierno (enero y febrero 2018)


Han pasado los dos primeros meses de invierno y las escapadas por campos y montes han sido discretas y próximas a casa, debido a las enfermedades y otras casuísticas familiares, pero algún paseo se ha podido dar.

En el río Samburiel fotografiamos a la cardencha (Dipsacus fullonum), una especie propia de los caminos que alcanza el metro y medio de altura.

Hojas del olmo blanco (Ulmus laevis), con el fondo nevado.

Porque, efectivamente, la nieve ha sido protagonista del invierno en buena parte de España. Aquí vemos una de las primeras nevadas de enero en la Sierra de Guadarrama.

El ganado caballar tiene una admirable (y a veces desconocida) capacidad desbrozadora: aquí vemos a un ejemplar ramoneando hojas y turiones de zarzamora (Rubus ulmifolius).

Cápsulas de estramonio (Datura stramonium).

Una berrenda en rojo desconfiada.

Bosque de galería con fresnos y troncos de chopos secos, que han sido aprovechados por los pájaros carpinteros.

Arroyo seco en el Parque Regional del Curso Medio del Guadarrama, discurriendo entre pinos resineros, laricios y encinas.

También aquí, entre sombras y pegado al cauce del arroyo, el aro (Arum italicum) produce hojas nuevas en invierno.

Otra vista de la Sierra de Guadarrama, a 900 metros de altitud y con vistas a los pinares de pinos silvestres y cumbres nevadas.

Una totovía se deja ver en una rama de melojo próximo a un jaral serrano.

Descendemos de cota: vistas de los encinares y roquedos graníticos entre Colmenar Viejo y Cerceda.

Una escoba blanca (Cytisus multiflorus) en medio de una cañada. De momento sin flores.

Vista del Cerro de San Pedro con algo de nieve.

Saucedas y cárices en la Cuenca Alta del Manzanares.

Hiedras sobre los chopos próximos al río.

Los avellanos (Corylus avellana) se encuentran en plena floración.

En las riberas próximas a Manzanares el Real se encuentran laureles asilvestrados.

En alguna cañada de la rampa serrana se juntan encinas, quejigos, enebros de la miera, alcornoques, melojos, fresnos, olmos y setos con varias especies de rosales silvestres y otros arbustos, como en este rincón, uno de mis favoritos.

Estos son los quejigos (Quercus faginea).

También madreselvas (Lonicera etrusca) como las de la imagen.

Ovinos recorriendo y pastando en la cañada.

Sargas y fresnos en la cuenca del río Manzanares.

Espadañas (Typha domingensis) en las zonas despejadas de vegetación leñosa. Otro hecho destacable del invierno ha sido que iremos con Rubén B. a conocer una población de espadañas serranas -de otra especie- en los próximos meses.

"Puros" de Typha domingensis.

Otra vista del relieve granítico y los característicos muros de piedra de la Sierra.

Primeras puestas de sapo corredor, a finales de febrero, en una charca cubierta de ranúnculos.

¿Rorippa nasturtium-aquaticum o Apium nodiflorum? Yo diría que la primera pero...


Hojas de Ranunculus hederaceus.

Primeras hojas del nabo del diablo (Oenanthe crocata), que también crece pegado al agua.

Y finalizamos con una especie que florece ahora en invierno, el fresno de hoja estrecha (Fraxinus angustifolia), acompañado por las omnipresentes zarzamoras, una estampa característica de la rampa serrana.