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lunes, 4 de marzo de 2013

Un gigante entre nuestros helechos: Culcita macrocarpa





Recorremos un canuto gaditano para fotografiar al helecho de colchoneros (Culcita macrocarpa), un gigante cuyas hojas pueden superar los tres metros de altura que se distribuye por el norte de España (desde La Coruña a Vizcaya), los archipiélagos macaronésicos y algunos arroyos de Los Alcornocales.

Las frondes, cuya lámina presenta una forma más o menos triangular, asoman entre los avellanillos (Frangula alnus subsp. baetica) cercanos a una aliseda.




Los primeros ejemplares que encontramos, no obstante, presentan una talla discreta (no alcanzan el metro de altura), como los de la siguiente imagen (a la izquierda, Osmunda regalis).




Ejemplares de gran talla, en los que destaca el largo peciolo, cuya longitud es similar a la de la lámina.




Más ejemplares de Culcita macrocarpa con jóvenes avellanillos.




Detalle de una lámina bien desarrollada: mide -aproximadamente- lo mismo de largo que de ancho y es hasta cinco veces pinnada.




Vista del haz, donde se aprecia el color verde oscuro, la naturaleza brillante y coriácea de la hoja, así como los segmentos finales de la misma.




Detalle del rizoma, en el que puede observarse que se encuentra cubierto de unos pelos rojizos que son característicos de la especie.





Vista del envés de la hoja, de tono más claro que el haz. En los segmentos de último orden se aprecian los soros, que contienen los esporangios; se encuentran protegidos por una cubierta denominada indusio, de forma reniforme.




Detalle de los anteriores. Fotografías realizadas durante el mes de julio.




Culcita macrocarpa exige unas condiciones muy estrictas para prosperar: ambiente de penumbra permanente con humedad elevada (tanto en el suelo como en el ambiente) y escasas variaciones de temperatura a lo largo del año.

El recorrido hasta llegar a estos helechos gigantes aporta más sorpresas, como es el escobón Teline tribracteolata; se encuentra más alejado del cauce del arroyo que los helechos.




Vista del hábitat de la especie en Los Alcornocales.






domingo, 11 de septiembre de 2011

La centaura bastarda (Cheirolophus sempervirens)

Distribuida por la fachada atlántica ibérica, de Galicia a Cádiz (además de otras cuantas localidades malagueñas), la centaura bastarda (Cheirolophus sempervirens) es un arbusto de, aproximadamente, un metro de altura, que hemos encontrado a mediados de julio en flor en el interior de un canuto gaditano cerca de Algeciras, dentro del parque natural de Los Alcornocales.

Cheirolophus sempervirens

Es una especie poco frecuente, que en ocasiones se ignora al presentar la flora mayor de este espacio natural, por lo que aprovechamos para fotografiarla y presentarla en el blog. Posee hojas glandulosas, lanceoladas, algo denticuladas y a veces con dos apéndices estipulares en la base. Inflorescencias en capítuos solitarios, con flores de color rosa. El involucro está formado por brácteas con 7-11 fimbrias, glabras.

Detalle de la inflorescencia de Cheirolophus sempervirens.

Frangula alnus subsp. baetica

Se trata de una compuesta nemoral, es decir, que crece en el interior del bosque; en esta ocasión la hemos encontrados a pocos metros del cauce del río, acompañada por sauces (Salix pedicellata), durillos, acebos, ojaranzos (Rhododendron baeticum), avellanillos (Frangula alnus subsp. baetica), labiérnagos (Phillyrea latifolia), así como por otras especies del sotobosque del quejigar moruno, como Cytisus villosus y otras leguminosas arbustivas.

Salix pedicellata 

Hábitat: acompañando a ojaranzos (en primer término) y otras especies de los canutos gaditanos.

En el momento de la visita los caballitos del diablo Calopteryx haemorrhoidalis se encuentran, muy abundantes, por toda la ruta, aunque se muestran muy desconfiados y cuesta encontrar alguno que permita acercarse lo suficiente para sacarle un primer plano.


Calopteryx haemorrhoidalis.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Madroños: el género Arbutus en España

Siguiendo con los madroños, a estas alturas de noviembre se encuentran maduros sus frutos, por lo que es un momento apropiado para presentar a las especies españolas de este género.

Dos especies en nuestro país, una presente en las serranías de gran parte de la Península y Baleares (Arbutus unedo), y otra en Canarias (Gran Canaria, Tenerife, La Gomera, La Palma y El Hierro): el madroño canario (A. canariensis).

Flores y frutos de A. unedo.

Los madroños son árboles de la familia de las ericáceas, de hojas subcoriáceas, persistentes, con forma lanceolada (u oblongo-lanceolada) y borde serrado. Presentan flores urceoladas que se reunen en inflorescencias paniculiformes, de color blanco o con tonos rosáceos. Frutos anaranjados en baya.

Aunque no conviven de manera natural (sí se pueden encontrar ejemplares cultivados de A. unedo en Canarias, ojo), A. canariensis tiene hojas de mayor tamaño (hasta 15 centímetros de longitud y 3 de anchura) que A. unedo, que son, además, más pálidas (incluso algo glaucas) por el envés.

 Ramas y hojas de A. canariensis.

Frutos de A. canariensis en verano y hojas (donde se aprecia la diferencia entre haz y envés).

Las ramas jóvenes y las inflorescencia de A. canariensis están cubiertas por unos pelos cortos rojizos muy característicos. Los frutos de este último, una vez maduros, pueden alcanzar los tres centímetros de diámetro, resultando mayores que los de A. unedo.

Envero de los frutos de A. canariensis a finales de verano. Se aprecia la pilosidad rojiza en los pedúnculos y resto de infrutescencia.

Frutos maduros de madroño canario.

Por último, la corteza de A. canariensis se desprende en placas, quedando un tronco liso de color pardo-rojizo inconfundible.

 Troncos de A. canariensis plantados en Aguamansa (Tenerife).

A. canariensis es una especie típica de los bosques de laurisilva, aunque también se encuentra en las exposiciones más húmedas de los pinares de pino canario, conviviendo en este caso con otras especies arbóreas propias del fayal-brezal (Myrica fayaErica arborea, E, scoparia subsp. platycodon, Picconia excelsa, etc.), como sucede en la Corona Forestal que rodea al Teide en Tenerife.

Hábitat en la Corona Forestal, en orientaciones húmedas en bosques de pino canario.

Lo hemos visto en flor en el mes de noviembre en Gran Canaria (donde los bosques de laurisilva se encuentran más reducidos) y con los frutos maduros en septiembre, en Tenerife.

Floración de A. canariensis.

En cuanto a A. unedo, como ya se ha indicado, está presente en los ambientes forestales de gran parte de la Península (solamente falta en las zonas más continentales del interior y en las áreas más áridas) y Baleares, en cualquier tipo de suelo y asociado generalmente a bosques esclerófilos (encinares y alcornocales) o de hoja marcescente (quejigares y melojares), siempre en exposiciones húmedas y con temperaturas suaves.

A. unedo fotografiado entre Salamanca y Cáceres.

Si hubiese nombrar a una especie asociada al madroño (en la Península y Baleares), ésta sería la mariposa del madroño (Charaxes jasius), lepidóptero especializado cuya larva se alimenta exclusivamente de las hojas de A. unedo, sin que cause daños de consideración en los árboles.

  Imago de Ch. jasius vigilando su territorio en una madroñera de Sierra Bermeja (Málaga).

Ch. jasius descansando sobre Frangula alnus subsp. baetica, en Los Alcornocales (Cádiz).