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miércoles, 23 de septiembre de 2020

Mediados de septiembre en el Valle del Lozoya (de Pinilla a Alameda del Valle)

 

Algunas de las especies fotografiadas a mediados de septiembre en un paseo al atardecer por el Valle del Lozoya (Madrid), concretamente entre Pinilla y Alameda del Valle. Fresnedas, prados que se mantienen verdes a finales de verano y setos vivos. Varias especies están todavía en flor y buena parte de los arbustos tiene ya los frutos maduros. Preludio del otoño.


Centaurea diffusa

Artemisia vulgaris


Flor de otoño (Colchicum multiflorum).




Plantago major


Troncos de álamos temblones.

Inula salicina

Persicaria (Polygonum) bistorta

Mentha arvensis


Sanguisorba officinalis

Frutos de Lysimachia vulgaris.

Succisa pratensis

Mundillo (Viburnum opulus) con frutos.

Filipendula ulmaria


Erigeron acris

Rhamnus cathartica

Hojas de Viburnum lantana.

Los frutos del bonetero (Euonymus europaeus).

¿Hieracium...?

Lathyrus pratensis

Restos de inflorescencias de Odontites vernus.

Un árbol del norte del país que se ha asilvestrado en algunas partes de la Sierra de Guadarrama: el arce Acer pseudoplatanus.

Saponaria officinalis

También encontramos una población de un grosellero asilvestrado: Ribes rubrum. Sin frutos a estas alturas de verano, claro.


domingo, 23 de febrero de 2020

Las mentas

Las mentas son unas plantas de la familia de las labiadas caracterizadas por ser herbáceas, perennes (tallos rizomatosos subterráneos), aromáticas y habitar medios cercanos al agua; florecen tarde (generalmente a partir de la primavera tardía o el verano) y son muy conocidas por emplearse desde antiguo como plantas medicinales o condimentarias. En España viven siete especies silvestres, que pueden hibridarse entre sí (y con alguna otra forma cultivada), por lo que nos atendremos a las especies tipo sin entrar en más disquisiciones.

La primera es el poleo cervuno (Mentha cervina), que es la única menta ibérica con hojas linear-lanceoladas (y sin pelos), cuyo cáliz tiene cuatro dientes (las demás especies tienen cinco).

Las flores son blancas y se agrupan en ramilletes junto a las hojas, fundamentalmente en los extremos superiores de los tallos.

Hábitat del poleo cervuno en las orillas húmedas y arenosas del embalse de Santillana (Manzanares el Real, Madrid). Esta especie florece en pleno verano y aguanta con flores buena parte del otoño.

Con la anterior especie muchas veces se encuentra el poleo menta (Mentha puligeum), cuyas flores, agrupadas en verticilastros, son rosadas o violáceas y sus hojas superiores (de menos de un centímetro de anchura) apenas sobrepasan las flores.

Detalle de inflorescencia y hojas (generalmente glabras) del medio del tallo de Mentha puligeum.

Otra vista de las orillas del embalse de Santillana, donde conviven las dos primeras especies de menta.

La tercera especie es la menta japonesa (Mentha arvensis), que también presenta flores reunidas en verticilastros pero sus hojas son mucho más anchas (de más de un centímetro de anchura), pelosas, y sobrepasan a las flores. Es la más escasa de todas nuestras mentas.

Detalle del envés de las hojas de la menta japonesa. Florece a partir de julio.

Una joven ranita de San Antonio comparte medio con la menta japonesa y posa con ella así de elegante.

Hábitat de Mentha arvensis en las orillas de este humedal en Riolago de Babia (León).

La cuarta especie es la menta de agua (Mentha aquatica), fácilmente identificable por sus anchas hojas ovadas y, sobre todo, por presentar inflorescencias globosas localizadas en el extremo de los tallos. Aquí vemos el porte de un ejemplar.


Detalles de las hojas e inflorescencia de Mentha aquatica.

Población de Mentha aquatica cerca de Villanúa (Huesca).

Las tres siguientes especies presentan las inflorescencias en forma de espiga. La primera de ellas es la hierbabuena (Mentha spicata), caracterizada por tener inflorescencias laxas frente a las dos siguientes mentas, que las presentan densas.

Detalle de hojas e inflorescencia de Mentha spicata.

Otro ejemplar de hierbabuena en el Valle del Lozoya (Sierra de Guadarrama).

Las mentas suelen presentar un aroma agradable debido a compuestos volátiles presentes en sus aceites esenciales. Además, algunos insectos aprovechan para libar sus flores durante la segunda mitad del año.

Hábitat de del ejemplar anterior de M. spicata, en las cunetas húmedas de un camino que transcurre en el interior de un bosque de robles melojos.

La penúltima especie, de inflorescencias densas y hojas lanceoladas, es la menta silvestre o mentastro (Mentha lonfifolia).

Flores de color rosado y hojas cubiertas de pelo (especialmente por el envés) aportan a Mentha longifolia su aspecto ceniciento.

M. longifolia se distribuye principalmente por el norte del país, en este caso mostramos una población en el Valle del río Aragón (Huesca), aunque también alcanza Andalucía e incluso las islas Canarias.

Otra población de menta silvestre prospera entre los cantos depositados en la ribera del río Lozoya (Madrid).

Mentha longifolia es una planta que puede superar el metro de altura. Pirineo oscense, cerca de Candanchú. 

La última especie es la menta de burro (Mentha suaveolens).

Mentha suaveolens, a diferencia de la anterior, presenta hojas rugosas de forma elíptica, muy llamativas y características.

Es una planta muy frecuente en lugares encharcados y algo nitrófilos de toda España. Se hibrida fácilmente con M. longifolia.

Junto a las mentas de burro anteriores, fotografiadas en las inmediaciones de un arroyo madrileño, conviven otras plantas amantes de las riberas y bordes de humedales: aprovechamos para mostrar a algunas de las más comunes. Por ejemplo, la persicaria (Polygonum persicaria, abajo).


Dos vistas de Epilobium hirsutum.

Otra labiada: la menta de lobo (Lycopus europaeus).

Álamos blancos.

Dulcamara (Solanum dulcamara).

Calystegia sepium