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martes, 18 de febrero de 2025

Amapola de la Sierra o alpina (Oreomecon alpina subsp. suaveolens)

Durante el verano florece una de nuestras amapolas vivaces: la amapola de la Sierra o alpina, antes conocida como Papaver lapeyrousianum (o P. lapeyrouseanum) y ahora como Oreomecon alpina subsp. suaveolens. Vive en terrenos rocosos y gleras por encima de los 2.000 m de altitud. En esta ocasión llegamos por los pelos a fotografiar sus últimas flores, en el pirineo francés.

Detalle de las flores: cuatro pétalos no imbricados, de color amarillento o anaranjado. Se encuentra solamente en Pirineos (también en la vertiente española) y en Sierra Nevada.


lunes, 20 de junio de 2022

Las carquesas finas (género Chamaespartium)

 


El género Chamaespartium está constituido por tres especies leñosas, perennes, que crecen postradas o ascendentes (las dos primeras raramente alcanzan los 50 cmm de altura y la tercera no supera los 15 cm), sin espinas y hojas unifoliadas, que se distribuyen por el centro y sur de Europa: en España viven las tres y las vamos a repasar en esta entrada. Comenzamos por la más extendida de las tres, Chamaespartium saggitale.

Lo que más llama la atención de este género es que algunas costillas del tallo (3-4 en Ch. saggitale) son aladas, proporcionándole esta apariencia "aplastada". En esta especie los pelos de tallos y hojas son largos y patentes.

Chamaespartium saggitale florece entre mayo y agosto, agrupándose sus flores en racimos terminales.

Ch. saggitale vive repartido por la mitad norte del país, asociado a diferentes tipos de bosques o matorrales. Aunque prefiere la media montaña, puede ascender hasta los 2.000 metros de altitud, como en este caso en el Valle de Arán (Lérida).

La segunda especie es Chamaespartium undulatum. A diferencia de la anterior, sus tallos y hojas presentan pelos aplicados que le confieren un aspecto seríceo. Tiene un periodo de floración algo más corto que Ch. saggitale, pues a finales de julio este ejemplar ya presentaba algunos frutos formados.

Tanto esta especie como la siguiente tienen tallos con dos costillas aladas. Una característica exclusiva de Ch. undulatum es que el margen de sus dos alas es ondulado y verrugoso, como se aprecia en la fotografía.

Frutos de Chmaespartium undulatum en agosto. A diferencia de la anterior, esta especie (y la siguiente) pueden presentan inflorescencias tanto terminales como axilares.

Ch. undulatum crece exclusivamente en Sierra Nevada, en terrenos rocosos sobre dolomías, entre los 1.350-1.700 m de altitud según Flora Iberica. Es un endemismo ibérico escaso.

Chamespartium delphinense es la última especie: a diferencia de la anterior, las alas de sus tallos presentan un margen entero y liso.

Detalle de un tallo. También tienen los pelos aplicados. A esta especie le dedicamos una entrada hace tiempo.

Hábitat en tierras sorianas, formando parte del sotobosque de este encinar.

Comparativa entre los tallos de las tres especies tratadas, de izquierda a derecha: Chamaespartium saggitale, Ch. undulatum y Ch. delphinense.

miércoles, 25 de septiembre de 2019

Los majuelos

Metidos ya en el otoño vamos a aprovechar para presentar a unos arbustos que dan color a la estación: las especies ibéricas de majuelos, espinos blancos, albares o majoletos; estas son algunos de los nombres con los que se conoce a Crataegus monogyna, la principal especie del grupo, un arbusto o arbolito alto (puede superar los 5 metros de altura) que crece por toda la península, formando parte de la orla espinosa y setos en casi todos nuestros bosques. Aparte de C. monogyna, trataremos de otras cuatro especies.

Se trata de especies caducifolias: aquí tenemos los brotes primaverales del majuelo, que en el centro del país florece mayoritariamente en abril, si bien en otras partes más cálidas puede comenzar a hacerlo a partir de febrero.

Floración completa y hojas de Crataegus monogyna. Esta especie presenta una enorme variabilidad en el tamaño y forma de las hojas (existiendo incluso variaciones dentro de un mismo ejemplar). Como veremos a continuación, en el género Crataegus tienen interés taxonómico las hojas (o los márgenes basales del lóbulo inferior de éstas) y las estípulas de los braquiblastos, así como el número de huesos del fruto.

Detalle de las flores anteriores, en las que se aprecia un único estilo (posteriormente el fruto tendrá un único hueso).

Las estípulas (es decir, las hojuelas situadas en la base de las hojas de los brotes floridos o braquiblastos) son importantes para diferenciar a Crategus monogyna de otras especies parecidas: en la imagen, sin embargo, mostramos las estípulas de los brotes largos (macroblastos), que siempre están presentes... pero carecen de interés taxonómico.

Otra imagen de las estípulas (relativamente) grandes y dentadas de las ramas no floridas del espino albar: no son estas las que tenemos que buscar...

... sino estas otras: en las hojas terminales que acompañan a los racimos laterales donde salen las flores (o frutos). Suelen caerse y por lo general no se encuentran, pero en este caso hubo suerte. Son enteras (carecen de dientes) y con aspecto de media luna.

Otro ejemplo de hojas con estípulas en Crataegus monogyna. El borde del lóbulo inferior de las hojas es liso (carece de dientes).

Pero lo normal es encontrar así a los majuelos a finales de septiembre: con los frutos a punto de madurar y sin rastro de las estípulas.

Viajamos hasta Sierra Nevada (Granada): en estos espinares (y pudiendo superar incluso los 2.000 metros de altitud), encontramos a la otra especie española cuyos frutos solamente tienen un hueso: se trata de Crataegus granatensis, una especie que habita algunas sierras del sureste ibérico (desde Málaga a Alicante) y otros puntos montañosos en Marruecos y Argelia. Aquí convive con agracejos, Prunus ramburii, Lonicera splendida, Lavandula lanata, Vella spinosa, Rhamnus infectoria, etc.

Se trata de un majuelo muy similar al anterior: tiene las hojas densamente cubiertas de pelitos (vilosas) tanto por el haz como por el envés, con 2-3 pares de lóbulos laterales. No obstante, el principal carácter para separar ambas especies reside en la forma de las estípulas de los brotes cortos, como se acaba de señalar. Este ejemplar, por cierto, ya las había perdido en el momento de fotografiarlo.

La principal diferencia entre ambas especies es que en Crataegus granatensis las estípulas tienen varios pares de dientes; además, un carácter diferenciador secundario (pues según Flora Iberica no siempre se cumple) con respecto a C. monogyna es la presencia de diminutos dientes en el margen del lóbulo inferior.
Otra vista de una hoja con estípulas y fruto de Crataegus granatensis, donde se aprecia el aspecto del envés y del pedicelo, también completamente cubierto de pelos.


Estos últimos ejemplares corresponden a arbustos que crecen en la Sierra de las Nieves (Málaga), con pinsapos, quejigos, Bupleurum spinosum y otras especies.

En la media montaña de Cazorla (Jaén) fotografiamos a Crataegus laciniata a punto de abrir las flores a comienzos de mayo. Las flores poseen de dos a tres estilos (y los frutos, por tanto, de dos a tres huesecillos). Sus estípulas son enteras y el borde basal del lóbulo inferior carece de dientecitos, a diferencia de lo que sucedía con C. granatensis.

Las hojas tienen de dos a cuatro lóbulos laterales y son lanosas por ambas caras (de ahí el tono apagado de la especie).

Frutos de Crataegus laciniata a finales de septiembre: son algo mayores que los de C. monogyna y pueden tener aspecto algo piriforme.

Crataegus laciniata vive sobre suelos calizos en las Sierras de Cazorla-Segura y otras del sureste, llegando hasta los 1.900 m, junto a pinos laricios (Pinus nigra), encinas y otras especies arbóreas.

Otra especie con 2-3 estilos en las flores (y los correspondientes pirenos o huesos en el fruto) es esta: Crataegus laevigata, conocida como espino navarro. Las hojas, a diferencia de las dos especies anteriores, son completamente glabras, cuneadas y apenas lobadas. Otra característica diferenciadora adicional es que el borde basal del lóbulo inferior es dentado.

Aspecto de ramas floridas de Crataegus laevigata. Se trata de una especie centroeuropea que en España se distribuye por el País Vasco y algunas sierras de Navarra, La Rioja y Burgos.

Fructificación otoñal del espino navarro. En esta especie las estípulas de los brotes cortos, como se intuye en este caso, son claramente dentadas. Por su parte, el pedicelo del que cuelga el fruto es completamente glabro.


Un par de fotos para el recuerdo: este es el primer Crataegus laevigata que fotografié (hace una pila de años) en noviembre, formando parte del sotobosque y los setos de los hayedos y robledales en el Gorbea (Álava-Vizcaya).

Y terminamos con el azarolo (Crataegus azarolus), un frutal que se cultiva esporádicamente (este ejemplar lo vimos en un huerto casi abandonado en Cobeña, Madrid, también hace unos años) y parece que se ha asilvestrado en algunas partes del país. Posee hojas grandes, cuneadas, algo coriáceas, generalmente con solo un lóbulo lateral y glabras por el haz. Se cultiva por sus frutos, unos pomos de cierto tamaño (más de un centímetro de diámetro), siendo los mayores de las especies ibéricas.

martes, 27 de agosto de 2019

Cumbres de Sierra Nevada (y otras zonas inferiores)

En la visita a Sierra Nevada (Granada) a mediados del mes pasado, aprovechamos para realizar la ruta que asciende a la cumbre del pico Veleta (3.397 m) desde Posiciones del Veleta (3.100 m): se cumplen trece años desde la última vez que estuvimos por aquí. Ya tocaba volver.

Nos hallamos en el denominado piso crioromediterráneo (por encima de los 2.900 m de altura), en un medio rocoso (micaesquistos) muy adverso para la vida vegetal, sometida durante el invierno a largos periodos de heladas y durante el verano a sequía, insolación y fuertes vientos. Pese a ello, estamos en uno de los puntos calientes de diversidad vegetal del Mediterráneo. La flora que predomina a estas alturas está formada por matitas de pequeño tamaño y crecimiento lento que muestran el verano sus mejores galas (no disponen de mucho tiempo para atraer a los polinizadores y completar su ciclo reproductivo), creciendo dispersas y escondidas entre las grietas del roquedo. Mostramos algunas de ellas.

Coincya monensis subsp. nevadensis

Chaenorhinum glareosum


Androsace vitaliana subsp. nevadensis

 
Viola crassiuscula


Población y detalle de Arenaria tetraquetra (subsp. amabilis).

Linaria glacialis


Leucanthemopsis pectinata

Erigeron frigidus antes de abrirse completamente.

Leontodon boryi

Eryngium glaciale

Un par de matillas de Veronica fruticans asoman entre la pedrera y un ejemplar de Carduus carlinoides.


Senecio nevadensis, antes de florecer.

Cardamine resedifolia

Arabis alpina


Ejemplares (sin y con flores) del "cojín de pastor" Arenaria pungens.


Un ejemplar de Hormathophylla spinosa perdido en el "desierto" de rocas y otro con flores.

Plantago nivalis

Jasione tristis

Biscutella glacialis


Cabras monteses cerca de la cumbre: abundantes y bastante confiadas.

En la cumbre precisamente nos encontramos con este acentor alpino...

...que aprovechaba los restos de una loncha de queso de algún excursionista. La vida a casi 3.400 m de altitud es muy dura, obviamente.

Ganado ovino merendando flora endémica de la alta montaña nevadense.

Saxifraga nevadensis

Epilobium alsinifolium

Reseda complicata

Sempervivum minutum

Lotus glacialis

Linaria nevadensis
 
 

Anthyllis pseudoarundana. Ahora descendemos hasta la Hoya de la Mora (2.500 m).

Thymus pulegioides


Hemos llegado para ver las últimas flores de un piorno intrincado de fuertes espinas, Genista versicolor, que prospera en suelos silíceos. En este caso en los Peñones de San Francisco.

Otra población de Genista versicolor al lado de un pinar de pinos silvestres.

En ocasiones se encuentra junto a la anterior otro piorno perteneciente a la misma familia, pero a otro género: Cytisus galianoi. De menor talla y sin espinas, florece antes, así que en julio ya tiene las legumbres perfectamente formadas.

En las zonas transitadas de la Hoya de la Mora fotografiamos a Chenopodium foliosum, caracterizado por tener este fruto carnoso tan llamativo.

Por aquí también encontramos monteses.

Thymus serpylloides


Porte y detalle de ramas floridas de Sideritis glacialis.

Artemisia absinthium

Jurinea humilis

Plantago holosteum
 

Cambiamos de aires y descendemos a cotas más bajas: en este caso, en dirección a Monachil, atravesamos un encinar con majuelos, almeces y, en el centro, varios ejemplares de Genista cinerea.

Genista cinerea

Aparecen otros arbustos espinosos como este agracejo (Berberis australis).

Cynara baetica

Un arbusto alto (alcanza los 3 m de altura) que acompaña a pinos y otras formaciones: el rompesayos o aznacho (Adenocarpus decorticans), con las legumbres todavía verdes.

Pinares creciendo en los alrededores del pico Dornajo, una zona de arenas y rocas dolomíticas.

Aquí fotografiamos a la boraginácea Onosma tricerosperma (subsp. granatensis).

Sabina rastrera (Juniperus sabina).


Dos vistas de otro rabogato, en este caso propia de suelos calcáreos, Sideritis carbonellii.

Un majuelo retorcido junto a Vella spinosa.


Otra especie que crece pegada a las rocas calizas: Rhamnus pumila.

Frutos de Prunus prostrata.

Vista de los picos de dolomías de Sierra Nevada.

La labiada Salvia phlomoides, propia de matorrales calizos de montaña.

Terminamos con un arbusto endémico: nos referimos a Prunus ramburii, un endrino que solamente crece en algunas sierras de Granada y Almería.