Mostrando entradas con la etiqueta Betula pubescens. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Betula pubescens. Mostrar todas las entradas

martes, 12 de marzo de 2019

Final del invierno (primera quincena de marzo)

A comienzos de marzo, aunque sigamos en invierno, la naturaleza empieza a dar señales de movimiento, incluyendo las zonas de media montaña como el Valle Medio del Lozoya, en la Sierra de Guadarrama (Madrid). Recorremos los alrededores del río en una zona mixta de fresnos y robles melojos acompañados de Genista cinerascens y otros arbustos.

Ha hecho mucho calor y llovido un poco durante la última semana, lo que ha contribuido al adelantamiento de la floración de algunas especies.

El las riberas despuntan las inflorescencias de la sarga (Salix atrocinerea), uno de nuestros primeros arbolillos (o arbustos altos) en florecer.

En el sotobosque de la fresneda encontramos una celidonia menor (Ranunculus ficaria).

Un abigarrado soto junto al agua.

En las praderías que acompañan a los melojos varias especies bulbosas se encuentran a sus anchas.



Una de ellas es el azafrán serrano (Crocus carpetanus), que florece por estas fechas.

También es la época de los narcisos, al menos de los de las zonas bajas y medias, como este Narcissus bulbocodium (o N. graellsii para otros).

Más bulbosas: Gagea soleirolii.

Una crucífera perenne que alcanza los 25 cm: Thlaspi stenopterum.


Chiribitas (Bellis perennis) en flor.

Hábitat: roquedos de gneises con enebros, sabinas y varias quercíneas.

Más narcisos: Narcissus triandrus subsp. pallidulus...

... y narcisos de roca (N. rupicola).

Leucanthemopsis pallida



Las primeras flores del endrino (Prunus spinosa).

Ascendemos un poco en el valle, hasta los 1.200 m. Aparecen formaciones boscosas más frescas, como abedulares y tembledas.

Corteza de los álamos temblones (Populus tremula).

Aunque se mantiene la presencia dominante de los fresnos, tanto en formaciones lineares (formando setos), como adehesadas.

Las primeras hojas del saúco (Sambucus nigra) junto a un tronco caído.

Pastoreo de ganado caballar entre abedules y fresnos.

Abedul (Betula pubescens/B. alba).

Las cigüeñas blancas también buscan su sustento junto al ganado.


Aparte de las sargas, otras especies leñosas ribereñas empiezan a florecer a finales de invierno, como el temblón (Populus tremula).

O el avellano (Corylus avellana).

Restos de frutos no consumidos de Viburnum opulus, otro habitante típico de estos setos.

Más restos de frutos y primeros brotes del fresno (Fraxinus angustifolia).

Flores de Fraxinus angustifolia.

Al día siguiente cambiamos de aires y nos acercamos a los alrededores del embalse de Santillana, en la rampa serrana, a fotografiar una población de Narcissus cantabricus que conocía Miguel.

Detalle de la presa y de La Pedriza desde una cañada próxima.

Al rato, efectivamente, aparecen los primeros narcisos "cantábricos".

Crecen en ubicaciones frescas o de umbría en este encinar con enebros y berceos, entre bloques de granito.

Les acompaña algún quejigo (que no ha llegado a perder todas su hojas inferiores) e incluso algún melojo despistado.

Pastoreo con ganado ovino.

Un limousin a lo suyo.

Más setos junto a las vallas de piedra en estos característicos paisajes agroganaderos.

Otra crucífera anual que coloniza pastos y terrenos baldíos y comienza a florecer ahora: Brassica barrelieri.

En una fina cercana descubrimos a este grupo de jóvenes sabinas albares.

Aquí el porte de algunas de ellas (Juniperus thurifera).

Sobre los suelos arenosos de la solana fotografiamos a esta interesante cistácea: Helianthemum sanguineum; seguramente volveremos más adelante para verla en flor.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Los tejos de Canencia







Un paseo rápido por el puerto de Canencia (1.500-1.600 m) para ver la nieve y los tejos. La tejeda de Canencia es bien conocida y en la web se encuentra abundante información sobre la misma (aquí, por ejemplo).

Un joven tejo entre los pinos silvestres.



Además de los tejos, destaca la presencia de buenos ejemplares de acebo, como el ejemplar de la izquierda en la siguiente fotografía; en el siguiente enlace, una recopilación de árboles singulares de la zona:

http://arbolessingularesmadrid.blogspot.com.es/search/label/Canencia






Los abedules acompañan al arroyo, formando un bosque interesante en los alrededores; junto a éstos, brezos (Erica arborea), melojos y algún roble albar.





miércoles, 23 de noviembre de 2011

Bosques otoñales en Somosierra (II)

09/11/2011: Dehesa Boyal de Somosierra (Madrid). Entre 1.390 y 1.500 m de altitud.

Un año después, de vuelta a uno de los referentes otoñales más genuinos de Madrid: la Dehesa Boyal de Somosierra, para ver el cambio de color de las hojas de robles melojos y otras especies.

Vista general del bosque en noviembre.

Este año, a comienzos de noviembre ya han aparecido los tonos ocres de los melojos (la especie más importante numéricamente hablando), aunque éstos todavía mantienen verde buena parte de la hoja; otros robles por aquí presentes, como el roble albar (Quercus petraea) -una especie de temperamento más eurosiberiano que el propio melojo- presentan hojas amarillentas, aunque sigue predominando el verde.

Hojas de melojo (Quercus pyrenaica) con agallas.

Hojas del roble albar.

Quercus petraea
 
 
Junto con los robles citados, aparecen avellanos, arraclanes, acebos, serbales, mostajos, varias especies de rosales silvestres (de interés Rosa villosa), sauces (Salix atrocinerea), maillos (Malus sylvestris), cerezos, majuelos, espinos cervales o la labiada Teucrium scorodonia, por citar algunas de las especies más típicas.

En el suelo se  mezclan las hojas de las principales especies caducifolias de Somosierra.

Un abedul delante de la acebeda; varias Genista florida al fondo a la izquierda.

La segunda especie en importancia, después del melojo, es el abedul (Betula pubescens o B. alba; no en vano el paraje también recibe el nombre de Abedular de Somosierra); ahora, los troncos blancos y las siluetas gráciles de los abedules destacan en la ladera pedregosa que hay frente al mirador de la N-I.

Abedules y robles melojos.

Desde este mismo enclave se obtiene una visión muy buena de los alrededores y se pueden apreciar a simple vista varias especies arbóreas distintas; vestidos de rojo o anaranjado destacan arraclanes, serbales de cazadores y cerezos, mientras que los amarillos más vivos se reservan para abedules y temblones. Algunos bosquetes de pino silvestre proporcionan el contrapunto cromático necesario, con sus acículas oscuras entre tanto tono cálido.


Aparte de crecer bien sobre terrenos rocosos, en estos enclaves (que, aunque serranos, climatológicamente no dejan de ser mediterráneos, con el fuerte impacto que supone la falta de agua durante el estío para las especies más atlánticas), los abedules muestran querencia por los cursos de agua y se mezclan con avellanos y sauces, formando unos bosques de galería abiertos en los que se hacen en buena medida dominantes.

Los abedules forman un bosque ripario fácilmente identificable.

En el interior del abedular descubrimos algún tejo, enebros y varias especies de zarzas.

Un tejo en el interior del abedular.

Otra vista de los abedules desde el arroyo.

En la linde del bosque, algunas leguminosas arbustivas; entre ellas, destacan los codesos (Adenocarpus hispanicus), varios de los cuales se encuentran completamente en flor, suponemos que por el otoño tan suave que ha hecho.

Delante de melojos, abedules, avellanos y otras especies, una buena población de codesos.

Adenocarpus hispanicus en flor.