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jueves, 5 de abril de 2018

Entre finales de marzo y principios de abril


La primavera da sus primeros pasos, pero por el centro peninsular todavía hace frío a finales de marzo. Aun así, algunas especies valientes se adelantan a la explosión floral que acontecerá en pocos días y aprovechan para mostrar las primeras flores de la estación.

Lamium amplexicaule

El alfiler de pastor (Erodium cicutarium). Una planta muy extendida por todo el territorio. En algunas localidades incluso comienza a florecer a principios de año.

Detalle de Erodium cicutarium.

Varias especies de verónicas también lucen sus primeras flores, como la de hoja de hiedra, Veronica hederifolia.

Gageas en flor.


Descubrimos a este arbolito de unos 3-4 m de altura en plena floración y sacando las primeras hojas. No parece espinoso. Seguramente se trate de un ciruelo silvestre (Prunus insititia). Lo confirmaremos más adelante.

Detalle de las flores, en parejas o grupos de tres, con sépalos erecto-patentes, ovados, obtusos y de borde denticulado.

Aunque se nos hizo casi de noche, aprovechamos para fotografiar el inicio de la floración de las saucedas próximas a Colmenar Viejo.

Parque Regional del Curso Medio del Guadarrama, con troncos caídos entre los pinos.

En este mismo espacio, otro pequeño árbol del género Prunus que se asilvestra por buena parte del país: el ciruelo mirobólano (Prunus cerasifera).

A diferencia de su pariente anterior, ya tiene la hoja perfectamente desarrollada y los sépalos son reflejos, como se aprecia en la fotografía.

Otro Prunus cerasifera a contraluz, donde se aprecia bien la tonalidad púrpura que tienen las hojas de esta especie, muy empleada en jardinería.

La primera planta de Coincya monensis subsp. orophila que abre las flores. Esta herbácea crece sobre terrenos arenosos de la campiña y la rampa serrana.

Romulea bulbocodium crece sobre pastos húmedos.

En los suelos arenosos de la mitad norte de Madrid crece por todas partes Brassica barrelieri, que aprovecha el inicio de la primavera para florecer por amplias extensiones, evitando la competencia con otras especies.

En el jardín de casa anida una pareja de pardillos, que ahora anda a la gresca con otra. El macho está tan centrado en la defensa del lugar, que nos permite acercarnos hasta una distancia poco prudencial (para él, claro). En fin, la primavera, las hormonas, el sexo, qué les voy a contar.

Primeras flores de un endrino (Prunus spinosa) que crece protegido en un seto: el resto de la población todavía no las ha abierto.

En un huerto descubrimos que ha florecido una col (Brassica oleracea), que presenta estas enormes y llamativas flores blancas.

Otra crucífera que crece en baldíos y terrenos abonados: el nabo Brassica napus, una especie puramente nitrófila de flores amarillas.

Aunque no es nativa de Madrid, Iberis sempervirens se emplea como ornamental y también florece en estas fechas. Dos pétalos son significativamente mayores a los otros dos.

La labiada Glechoma hederacea comienza ahora a florecer y mantendrá su periodo de floración durante varias semanas.



Terminamos con las vistas de una colonia de cigüeñas blancas en una chopera, cuyos árboles empiezan a brotar y florecer en estos momentos.

martes, 29 de agosto de 2017

Costa da Morte (IV): restos del bosque atlántico


Esta sería una imagen típica del paisaje que encontramos en el interior de Costa da Morte (y de buena parte de Galicia): un entorno en mosaico donde conviven prados y terrenos agrícolas (muchos de ellos en proceso de abandono) con cultivos de pinos y eucaliptos; a la derecha de la fotografía se aprecian los restos del bosque natural en forma de seto.

En realidad estamos en los dominios del roble pedunculado o carballo, Quercus robur. Aunque expulsado de casi todos sus antiguos dominios, los supervivientes del bosque atlántico resisten y prosperan en algunas fincas apartadas y en los bordes de los terrenos donde se cultivan eucaliptos o pinos.

Una senda que cruza un joven robledal. Aparte de los mencionados robles, también encontramos castañares, alisedas, choperas e incluso algunos melojos, por citar algunas de las principales formaciones arbóreas naturales.

El laurel (Laurus nobilis), uno de los acompañantes típicos de los bosques de carballos y otros bosques atlánticos.

Los castaños (Castanea sativa) comienzan a hacerse con el terreno.

Encontramos algunos melojos (Quercus pyrenaica) acompañando a los bosques de hoja caduca en las exposiciones más térmicas.

Una zarza endémica del noroeste (Portugal y de Galicia a Cantabria), Rubus sampaioanus; vista del turión y dos hojas que muestran (de izquierda a derecha) envés y haz.

Digitalis purpurea

Bosque de Quercus robur con grandes robles; acompañan laureles, chopos negros, sauces, piruétanos silvestres, etc.

Ambiente umbroso en el interior del robledal.

Pese a tratarse de un bosque con árboles grandes y aparentemente bien conservado, en el sotobosque encontramos a esta especie alóctona de carácter invasor: Tradescantia fluminensis, de origen suramericano.

Una de las especies que crece en los límites del bosque es el codeso Adenocarpus lainzii, que puede alcanzar los tres metros de altura.

Detalle de las flores de Adenocarpus lainzii, cuyos cálices están cubiertos de glándulas estipitadas oscuras.

Entre la vegetación natural que puebla los caminos y bordes de bosque vemos crecer a esta matita de orégano (Origanum vulgare).

Una especie propia del interior del bosque y megaforbios: Angelica sylvestris, comenzando a florecer.

Vista de una aliseda (Alnus glutinosa) junto a un arroyo.

Algunas plantas crecen en el suelo de la aliseda, como esta Ajuga reptans...

... o el bonito muraje amarillo (Lysimachia nemorum), ambas en flor en julio.

Un caballito del diablo entre la vegetación de la aliseda, con helechos, avellanos, escrofularias, etc.

Otra zarzamora, en este caso Rubus vigoi.

El rosal silvestre Rosa pimpinellifolia, que encontramos en el sotobosque de varios tipos de formaciones vegetales, incluyendo los pinares sobre dunas.

Arraclán (Frangula alnus) con frutos al lado de un curso de agua.

Uno de los supervivientes más extendidos del bosque atlántico: Salix atrocinerea.

Endrino (Prunus spinosa).

Un arbolito que crece en las lindes de fincas, bordes de caminos y setos: el peral silvestre atlántico, Pyrus cordata.

Una correhuela (Calystegia sepium) crece sobre un seto de endrinos.

Calamintha nepeta

Oxalis latifolia

La hiedra atlántica (Hedera hibernica) ascendiendo por el tronco de un pino resinero.