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martes, 3 de marzo de 2026

Norte de León (tercera parte)

Bosques atlánticos mixtos cerca de Fasgar.

Rosa villosa

Laserpitium latifolium

Tembleda (Populus tremula).

Avellanos y abedules.

Valeriana pyrenaica

Astrantia major

Euphorbia amygdaloides

Setos en Riolago de Babia.

Centaurea scabiosa

Ribes uva-crispa

Viburnum lantana

Rosa dumalis

Prunus insititia

Aconitum napellus

Rubus praecox

Salix eleagnos

Prunus mahaleb

Rosa stylosa

Ononis pusilla

Vicia pannonica

viernes, 20 de agosto de 2021

Los groselleros ibéricos

 

Vamos a publicar algunas fotografías de los groselleros ibéricos: en realidad de las tres especies autóctonas y una cuarta que se cultiva y asilvestra con frecuencia. Comenzamos por la de mayor talla (puede alcanzar los tres metros de altura), el grosellero de roca (Ribes petraeum), un arbusto de hojas anchas (hasta 15 cm), palmatífidas, con tres/cinco lóbulos, el central ensanchado en la base.

Las flores crecen en racimos horizontales o péndulos, cuyo eje carece de glándulas. Aquí vemos los frutos verdes en julio; florece a partir de mayo.

Aunque el grosellero de roca alcanza los pedregales y gleras a 2.400 metros de altitud en la Cordillera Cantábrica y Pirineos, aquí vemos a un ejemplar crecer a menos altitud, en un bosque mixto del Valle de Benasque (Huesca). Se distribuye también por el Sistema Ibérico y recientemente Rubén Bernal lo descubrió en la sierra de Guadarrama madrileña.

Similar a la anterior es el grosellero de los Alpes (Ribes alpinum), un arbusto de menor talla (hasta 1,5 m) con las hojas mucho menores (hasta 5 cm de ancho) y con el lóbulo central atenuado en la base.

Posee racimos erectos y suele considerarse planta dioica (algunos ejemplares poseen flores masculinas y otros femeninas, con flores rudimentarias del otro sexo). Habita medios similares al grosellero de roca y también asciende mucho por las montañas, superando los 2.000 metros. Vive en la mitad norte peninsular y algunas serranías Béticas.


La especie más sencilla de reconocer es el grosellero espinoso (Ribes uva-crispa), el único que posee espinas (generalmente en grupos de tres), además de tener unos frutos mayores que salen solitarios o por grupos de 2-3 en las axilas de las hojas. Se trata de una especie cultivada y asilvestrada desde la antigüedad, por lo que algunas poblaciones pueden tener este origen. Aquí mostramos el detalle de hojas y frutos, así como el porte, de un ejemplar encontrado en en Valle de Navafría, Sierra de Guadarrama, Madrid.

La última especie, el grosellero rojo (Ribes rubrum), parece proceder asimismo de cultivos. Es parecido al grosellero de roca, si bien este último posee pelos glandulares en el limbo de las hojas y flores con sépalos erectos, mientras que Ribes rubrum carece de dichos pelos y los sépalos de sus flores son patentes.


Es un arbusto que, además, raramente alcanza el metro y medio de altura. Aquí vemos un ejemplar fructificado y el porte del mismo durante junio en el Valle de Lozoya, también en la Sierra de Guadarrama madrileña.



sábado, 9 de abril de 2011

Por la acebeda de Prádena

El acebo (Ilex aquifolium) es una especie perennifolia, superviviente de la flora que se encontraba en la Península durante el periodo terciario -como laureles, loros, durillos o mirtos-, cuando las condiciones ambientales eran más cálidas y húmedas que las actuales; a diferencia de las mencionadas especies (que encontraron acomodo en determinados enclaves más térmicos), el acebo se adaptó a unas mayores condiciones de frío, como las que se encuentran en la media montaña y algunos bosques eurosiberianos.

Acebeda de Prádena.

Su presencia sigue condicionada, no obstante, por la existencia de una elevada humedad, rehuyendo los climas más continentales. Es raro que forme bosques en los que sea la especie dominante (las acebedas), siendo más habitual que se encuentren individuos dispersos e integrados en hayedos, abetales, melojares, pinares o bosques mixtos atlánticos.

En la cara norte del Sistema Central, a unos 1.300 metros de altitud, se halla la acebeda de Prádena (Segovia), que ocupa unas cinco hectáreas sobre suelos de naturaleza ácida, entre sabinas albares (Juniperus thurifera), enebrales y pinos silvestres; se hace evidente a distancia por el porte de los acebos y el brillo de sus copas.

Fruto de Ilex aquifolium.
Como es sabido, los acebos presentan hojas simples, alternas, brillantes y lustrosas, con forma variable (ovales, oblongas o lanceoladas), más oscuras por el haz que por el envés y con dos tipos de borde: espinoso o entero. Parece ser que la espinosidad decrece a medida que los árboles van envejeciendo. A principios de abril bastantes acebos mantienen los frutos que maduraron durante el pasado otoño-invierno.

Hojas de borde entero.

Hojas espinosas de un individuo joven.

Los árboles crecen hasta los ocho metros de altura, pegadas unas copas con otras, lo que impide la llegada de la luz al interior del bosque durante todo el año, por ser una especie de hoja perenne. Debido a estas condiciones de sombra permanente el sotobosque es prácticamente inexistente.

Interior de la acebeda.

Vista exterior.

En el exterior, recuperadas las condiciones de luminosidad, se encuentran melojos, sabinas albares y enebros (Juniperus communis), así como leguminosas arbustivas (Genista florida, Adenocarpus hispanicus), rosales silvestres, madreselvas y algún sauce.

Donde se encuentran las especies; de atrás hacia delante: sabina albar, acebo y enebro. 

 Frutos inmaduros y hojas de Juniperus communis.

Enebral de Juniperus communis.

 Buena regeneración del sabinar (Juniperus thurifera) en los alrededores de la acebeda.

Quizás la especie arbustiva más interesante (por ser poco abundante en el Sistema Central) que puede encontrarse es el grosellero espinoso (Ribes uva-crispa), con flores a principios de abril. Se encuentra con cierta abundancia en el exterior de la acebeda, pegado al muro que rodea gran parte de la misma.

Rama de Ribes uva-crispa con flores.

Frutos maduros de Ribes uva-crispa (en julio).