jueves, 15 de febrero de 2024

Verano (J.M. Coetzee)

Un viento nocturno gime a través de las aspas de la bomba eólica echada a perder. Ella se estremece. —Debemos volver —le dice. —Enseguida. ¿Has leído el libro de Eugéne Marais sobre el año que pasó observando a un grupo de babuinos? Dice que por la noche, cuando los monos dejaban de merodear y contemplaban la puesta del sol, detectaba en los ojos de los babuinos mayores los aguijonazos de la melancolía, el nacimiento de la conciencia incipiente de su mortalidad.

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Sencillamente que comprendo en qué estaba pensando el viejo babuino macho mientras contemplaba la puesta del sol, el jefe del grupo, aquel del que Marais se sentía más próximo. «Nunca más —pensaba—. Una sola vida y entonces nunca más. Nunca, nunca, nunca.» Eso es lo que también me hace el Karoo. Me llena de melancolía. Me inutiliza para la vida.

Ella aún no entiende qué tienen que ver los babuinos con el Karoo de su infancia, pero no va a admitirlo. —Este lugar me desgarró el corazón —prosigue él—. Me lo desgarraba de niño, y desde entonces nunca he estado bien.

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Con la señora Noerdien, ¿cómo atravesaría un hombre, incluso el señor Noerdien, el espacio desde las exaltadas alturas de lo femenino hasta el cuerpo terreno de la mujer? Dormir con semejante ser, abrazar semejante cuerpo, olerlo y saborearlo... ¿qué efecto tendría eso en un hombre? Y estar junto a ella todo el día, consciente de sus más pequeños movimientos: ¿acaso la triste respuesta de su padre al cuestionario del doctor Schwarz sobre el estilo de vida («¿Han sido las relaciones con el sexo opuesto una fuente de satisfacción para usted?» «No») tiene que ver con el hecho de que, en el invierno de su vida, ha de encontrarse frente a una belleza como no ha conocido antes y jamás puede esperar que sea suya?

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(https://screenmusings.org/movie/dvd/The-Edge-of-Love/pages/The-Edge-of-Love-0103.htm)

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Verano, J.M. Coetzee