miércoles, 22 de mayo de 2019

A este no hay quien lo pille abierto

Me refiero al tulipán silvestre (Tulipa sylvestris) de la fotografía: hace años encontré este ejemplar solitario a principios de mes (mayo), con la flor a punto de abrirse en el Valle Medio del Lozoya (Sierra de Guadarrama, Madrid), en una zona rocosa (esquistos) con encinas, sabinas albares, enebros, cantuesos y otros matorrales seriales. Desde entonces, periódicamente me paso por allí buscándolo, pero lo cierto es que no he vuelto a ver a esta especie bulbosa en la zona.

El tulipán silvestre habita buena parte de la Península Ibérica (excepto el extremo noroeste), ocupando un rango altitudinal amplio (desde el nivel del mar hasta por encima de los 2.000 m), en herbazales, roquedos o escondido en los huecos que dejan algunos matorrales. Aunque a veces se hace de rogar y cuesta encontrarlo, por toda España existen muchos ejemplos de naturalistas que sí han tenido la suerte de verlos con la flor abierta, por ejemplo en Extremadura, Alicante, La Mancha, Navarra, Andalucía, León, Aragón, etc. Seguiremos intentándolo.
 

martes, 14 de mayo de 2019

Por fin Monfragüe

Durante una vista a Cáceres a principios de mes aprovechamos para hacer un recorrido por Villuercas, Sierra de Montánchez y, por fin, Monfragüe: digo por fin porque tenía la espinita clavada de no haber publicado todavía nada de Monfragüe en el blog, con lo que significa este espacio para mí (y creo que para unos cuantos naturalistas españoles más). Repasando las notas de los cuadernos de campo, la última vez que estuve aquí fue... hace catorce años. Entonces no tenía ni cámara digital.


Como sucede con Doñana y otros espacios más o menos estrella o mediáticos de la naturaleza española, Monfragüe es conocido internacionalmente por sus buitres, grandes águilas, alimoches o cigüeñas negras, pero no solamente es eso: incluye en un espacio relativamente reducido un conjunto de paisajes (asentados sobre cuarcitas, pizarras y granitos, fundamentalmente) y formaciones vegetales representativas del suroeste peninsular: bosques de hoja perenne, marcescentes y de ribera, flora rupícola mediterránea, especies de pastizales y dehesas o matorrales seriales. Nos da tiempo a dedicar solamente unas horas, pero la visita siempre merece la pena.


Entre la flora que prospera entre los bloques de cuarcita destaca el codeso Adenocarpus argyrophyllus, que mantiene las flores y los primeros frutos formados.

Anarrhinum bellidifolium


Más flora rupícola: porte y detalle de las inflorescencias de la manzanilla yesquera, Phagnalon saxatile.

Sedum arenarium


Alcayuela (Halimium ocymoides) a punto de florecer.

Acederilla (Rumex acetosella).

Conopodium arvense

No podía faltar el cantueso: un clásico de estas zonas que procuramos mostrar siempre que se encuentra en flor.

Dedalera (Digitalis thapsi).

Los acebuches (Olea europaea subsp. sylvestris) también están a punto de abrir sus flores.


Los almeces (Celtis australis) crecen en la base de las peñas cuarcíticas.


Bosques esclerófilos (encinares acompañados de alcornoques) con jarales, genistas y ericáceas.


Pillamos en flor a esta imponente aulaga o abrojos (Genista hystrix), un arbusto de ramas espinosas que vive en el occidente peninsular sobre sustratos silíceos.

Detalle de las flores de Genista hystrix, que tienen el estandarte casi enteramente glabro.

Brezo de escobas (Erica scoparia).

Leucanthemum pallens

Cornicabra (Pistacia terebinthus).


Scrophularia scorodonia

Jara cervuna (Cistus populifolius).

En las zonas de umbría descubrimos varios ejemplares de Thapsia nitida, que todavía no han empezado a formar su largo tallo.

Haz y envés de hojas basales de Thapsia nitida.

Alcornoques, quejigos y fresnos.


Ramaje y hojas del quejigo (Quercus broteroi).

Restos de un alcornoque junto al río. Los helechos y diversas trepadoras (clemátides, vides silvestres, rosales y zarzamoras) lo rodean.


Una de las trepadoras que encontramos en las orillas del río: Clematis campaniflora. Una lástima que todavía le falten unos días para florecer.

Apio caballar (Smyrnium perfoliatum) en un hueco de la fresneda.

las nuevas ramas del madroño (Arbutus unedo).


Los alcornoques (Quercus suber) adehesados que hay en la carretera que va a La Bazagona.

Otra tapsia (Thapsia minor), aunque en este caso sí está en flor.

La acompañan las hojas de las cebollas albarranas (Urginea maritima).

Cistus crispus

Genista hirsuta en flor.

También se encuentra en Monfragüe otra genista parecida a la anterior: Genista tournefortii, la aulaga fina, una mata espinosa que mide entre 20-40 cm, de tallos muy vilosos y hojas unifoliadas con pelos por ambas caras. Crece más bien en el piso del melojo, aunque también desciende hasta encinares y alcornocales, apareciendo en los claros de dichos bosques.

Un garbancillo del diablo (Erophaca baetica, antes Astragalus lusitanicus) con los frutos verdes.

Sedum andegavense, una pequeña crasulácea que crece sobre suelos casi inexistentes.

Gamones (Asphodelus aestivus).

Pues hasta aquí el recorrido exprés por Monfragüe: espero que les haya gustado.