jueves, 17 de agosto de 2017

Costa da Morte (I)


 
Estuvimos pasando unos días en la Costa da Morte, La Coruña, el pasado mes de julio y estaba pendiente la publicación de algunas fotos. Vamos a empezar por las vistas más marineras/costeras de todas, que es lo que toca en verano.

Estamos en el extremo noroccidental peninsular, en una costa abrupta y abierta al océano; aparte de acantilados como los de la imagen en Cabo Fisterra, en el litoral se intercalan otros hábitats como dunas, arenales, marismas y rías. En entradas posteriores repasaremos algunas de sus especies más singulares.

Pero de momento nos quedamos en la costa y sus postales marineras. Nos encontramos en un enclave alejado de zonas montañosas con un clima oceánico húmedo (con precipitaciones entre 1.000 y 1.600 mm y temperaturas suaves).

Más vistas de la vegetación que crece en los acantilados, en esta caso en Cabo Vilán, a punto de ser engullido por la niebla.

Algunos de los matorrales que viven en los acantilados: Armeria pubigera y (debajo) Matricaria maritima.

Población de armerias e hinojo marino (Crithmum maritimum).

Inula crithmoides

Centaurea corcubionensis: un endemismo gallego bien representado tanto en zonas litorales como otros medios (brezales) no tan expuestos al salitre.

Detalle de las inflorescencias de Matricaria maritima.

Beta maritima
 
Tramo en las inmediaciones de la Ensenada de Trece. Al fondo destaca un ejemplo de arenal estabilizado (denominados Montes Brancos o Montes Blancos), con vegetación dunar en un excelente estado de conservación.


Malpica de Bergantiños.

Aunque en Costa da Morte no abundan las islas, aquí tenemos la excepción: las Sisargas.

Detalle de Sisarga Grande.

Faro de Punta Nariga al fondo.

Una umbelífera abundante: el pie de oso (Heracleum sphondylium).

Una especia amenazada, presente en algunos enclaves costeros coruñeses: Linaria aguillonensis. Tuvimos la suerte de verla en flor.

Litoral próximo al faro de Punta Nariga, donde se aprecian los afloramientos graníticos propios de la zona.

Faro de Punta Nariga y más relieve granítico.

Leucanthemum pluriflorum

Rumex acetosa subsp. biformis, de hojas carnosas y brillantes.

Faro Roncudo y su litoral (siguiente foto).



Un par de fotos de la variada vida marina que atesoran estas aguas.

Uno de los mejores tramos de litoral de toda España, dirigiéndonos hacia Cabo Vilán desde el norte.

Cabo Vilán.

El buen estado de conservación de la vegetación costera y litoral contrasta con los montes que encontramos al desplazarnos hacia en interior, donde predominan los cultivos arbóreos.

Los acantilados se alternan, como indicamos al principio, con otros medios como playas, de arenas o -como es el caso- de cantos rodados. 

Un endemismo, en este caso del litoral peninsular del noroeste: Angelica pachycarpa, una hierba perenne alta con los frutos formados y casi maduros. Crece pegada al mar, aunque unos zarzales nos impiden ver sus hojas.

Otro ejemplar de Angelica pachycarpa, que en este caso solamente cuenta con las hojas basales.

Silene uniflora


Ascendiendo por el Monte Blanco de Ponteceso, otro de los arenales asentados, aunque en este caso se ha repoblado parcialmente con pinos (no esta ladera).

Silene scabriflora


Una familia de chovas piquirrojas marineras compuesta por los padres y sus tres hijos (que eran un incordio y tenían bastante hartos a sus progenitores) nos acompañaban todas las mañanas. No están todos fotografiados, claro.

Armeria maritima, que suele crecer en zonas con influencia mareal.

Vista de una playa, en esta ocasión de arena, cerca de Muros. Asociadas a estos arenales muchas veces aparecen lagunas costeras, como la Lagoa de Louro, en las inmediaciones del paraje mostrado.

En los campos de labor próximos a la costa encontramos a esta col (Brassica oleracea), con frutos y flores.


Cerramos aquí, con un atardecer desde lo alto del Monte Blanco, pero no estén tristes, pues ¡seguiremos mostrando fotos de la Costa da Morte en próximas entregas, amigos!




martes, 15 de agosto de 2017

Flora endémica: Glandora oleifolia


Hoy presentamos otro endemismo de la flora española, la boraginácea Glandora oleifolia (antes Lithodora oleifolia) en este caso procedente de los pirineos orientales (Alta Garrotxa, Gerona), donde forma parte de los matorrales que crecen sobre rocas calizas entre los 400 y 1.500 metros de altitud.

Es un pequeño arbusto que normalmente no supera el medio metro de altura; el nombre específico hace referencia al parecido de sus hojas con las del olivo, como se aprecia en la fotografía. Éstas tienen algunos pelos por el haz y son seríceas por el envés. Florece durante la primavera y el verano.
 

sábado, 12 de agosto de 2017

Culebra de cogulla en la rampa madrileña



Un par de fotografías de una culebra de cogulla (Macroprotodon brevis; en la superior, detalle de la cabeza y en la inferior diseño del cuerpo), realizadas hace un par de días al anochecer en los alrededores de San Agustín de Guadalix. Aunque se trata de una especie que pasa normalmente desapercibida por su pequeño tamaño y hábitos nocturnos, parece ser que es más frecuente en el sur de la región que en esta zona de rampa.

La hemos encontrado en una zona de encinares con roquedo disperso; en la fotografía superior, matorrales calcícolas con encinas, enebros, cornicabras, coscojas, romeros, espantalobos (Colutea hispanica), etc.

lunes, 7 de agosto de 2017

Gatiña (Genista berberidea) con frutos



He fotografiado -con sorpresa, pues no esperaba encontrármela- a esta genista o gatiña (Genista berberidea) en A Costa da Morte (La Coruña), durante una visita realizada durante el mes de julio. Como no saco tiempo para organizar las fotos, que sirva de adelanto a las entradas que llegarán algún día de esta magnífica zona del litoral gallego.

La Genista berberidea, uno de mis arbustos favoritos, habita en las gándaras o turberas (e incluso en la orilla de algunos arroyos) y a estas alturas del verano tiene ya completamente formadas sus características legumbres con forma de faca.

lunes, 31 de julio de 2017

En el curso medio del Guadarrama (mucho calor y alguna especie notable)


Escapada rápida al Parque Regional del Curso Medio del Río Guadarrama para cerrar julio y martirizarnos con las altas temperaturas (sólo un rato, eh). Aunque en el trayecto recorrido predominan los encinares con jaras pringosas, buscamos el frescor de los arroyos tributarios del Guadarrama, donde crecen los bosques de ribera y otras especies de mayores requerimientos hídricos.

Estamos en una zona de campiña a unos 650-700 metros de altitud, donde se mezclan retazos de monte con encinares adehesados sobre arcosas. En la imagen, una mata de Dorycnium pentaphillum, la lebrela, creciendo sobre un talud de esta naturaleza. 


Vistas de los sufridos encinares (por no mencionar a las jaras). En el claro del monte, jaras pringosas, lebrelas y santolinas (Santolina rosmarinifolia), componen el principal grupo de acompañantes de las carrascas.

Un valiente Centaurium grandiflorum subsp. majus (de la familia de las gencianas) se atreve a florecer ahora.

Otra especie en flor, en este caso la Pimpinella villosa, que convoca a un gran número de insectos entre sus inflorescencias.

La belesa (Plumbago europaea), una mata que abunda en estos medios, también con flores..

Una joven lagartija colirroja (Acanthodactylus erythrurus), que gusta de terrenos de textura arenosa y algo despejados.

Llegamos a los bosques de ribera. Aquí vemos madreselvas (Lonicera etrusca), arces (Acer monspessulanum), servatos (Peucedanum officinale), etc., en el borde del bosque.

Peucedanum officinale

Curiosamente, un grupo de peonías (Paeonia broteroi), con las hojas amarillas, crecen en medio del terreno abierto (generalmente gustan de estar menos expuestas).

Detalle del fruto sin abrir de Paeonia broteroi.

Otra sorpresa: hojas muy asimétricas, tomentosas por el envés, y ramillas sin súber...

...se trata de un olmo blanco (Ulmus laevis). Siempre gusta verlo, aunque se trate de individuos asilvestrados.


Porte de un fresnillo (Dictamnus albus). Javier Grijalbo nos indicó la existencia de esta especie: muchas gracias, Javier.

A finales de julio los frutos ya se han abierto y liberado las semillas: las cápsulas abiertas permanecen en la planta.

Hoja de Dictamnus albus.

Arce (Acer monspessulanum).

Los fresnos de hoja estrecha forman las principales formaciones de galería.

Una retama loca (Osyris alba) creciendo profusamente en la orilla del arroyo.

Entre las ramas de la anterior crecen los jazmines (Jasminum fruticans).

Una herbácea vivaz de la familia de las asclepiadáceas: Vincetoxicum nigrum, que ahora está abriendo los frutos.

Los quejigos (Quercus faginea) se mezclan con los fresnos.

Fresnillos y peonías crecen a la vera de la sombra de los quejigos.

Cerca del cauce, fotografiamos a esta verbena (Verbena officinalis).

Una matita que gusta también de suelos silíceos y arenosos: Ortegia hispanica.

También encontramos algunas especies ruderales que se encuentran en flor, como la bonita achicoria (Cichorium intybus).

Verbascum virgatum

Centaurea ornata

Carlina racemosa