lunes, 30 de abril de 2012

Los frutos de los olmos

Si marzo era el mes de la floración de los olmos, en abril ya tienen formados sus frutos, por lo que aprovechamos para repasar las diferencias entre las sámaras (frutos secos rodeados por un ala membranosa que sirve para su dispersión por el viento) de las diferentes especies.


Frutos de Ulmus minor.

Setos con olmos jóvenes entre Colmenar Viejo y Cerceda (Madrid) en abril.

Entre las especies con frutos con pedúnculo corto, el olmo común o negrillo (Ulmus minor) es la única especie que presenta la semilla situada hacia el ápice del fruto, como se muestra en la primera fotografía; en el resto de olmos de este grupo (U. glabra y U. pumila) la semilla se dispone en el centro.  En las jóvenes olmedas que sobreviven a la grafiosis, nos cuesta encontrar ejemplares con fruto durante este año.


Ramillas y hojas de la anterior población de Ulmus minor.

A diferencia de los negrillos, los olmos de montaña (Ulmus glabra) y olmos siberianos (Ulmus pumila), presentan la semilla centrada en la sámara, si bien los frutos de la primera especie son alargados y de mayor longitud (puede superar los 2 cm: en las demás especies los frutos son siempre menores) que en la segunda.

Fructificación de Ulmus glabra (ejemplar ornamental) antes de sacar la hoja.


Detalle de las sámaras del olmo de montaña.

Por otra parte, las especies con pedúnculo largo (siempre de mayor longitud el pedúnculo que el fruto alado) también han fructificado. Visitamos la población madrileña que conocemos de Ulmus laevis, cuyos árboles adultos están echando las primeras hojas (los individuos jóvenes parecen algo más adelantados) y tienen los frutos recién formados, aun verdes.

Hojas de un joven Ulmus laevis.

Frutos pedunculados de Ulmus laevis.


Dos días antes de visitar a los olmos blancos, fotografiamos en Madrid a una especie ornamental muy parecida: el olmo americano (Ulmus americana). Se trata de una especie poco utilizada como ornamental pero que se puede confundir con facilidad con U. laevis, puesto que también presenta frutos con pedúnculos largos y de borde ciliado.

Ulmus americana

Aunque fotografiada en el mismo periodo de tiempo, U. americana presenta un estado bastante más avanzado: todas las hojas están bien desarrolladas y los frutos casi maduros, tal vez por tratarse de un ejemplar cultivado.

La diferencia principal entre ambas especies debe buscarse en el envés de las hojas: mientras que en Ulmus laevis es pubescente, en U. americana éste es lampiño; en las siguientes fotos se aprecia un envés más grisáceo en las primeras hojas de U. laevis frente a un envés verde brillante en U. americana.



Primeras hojas de Ulmus laevis.



Hojas y frutos de Ulmus americana.


También parece que el borde corto de las hojas nace más pegado al nervio central en Ulmus laevis, mientras que en U. americana dicho borde se separa más bruscamente; se adjunta una foto comparativa de las hojas (y frutos en diferente estado de madurez) de estas dos especies, siendo:



1: Ulmus laevis: haz de hoja nueva.
2: Ulmus laevis: envés.
3: Ulmus laevis: frutos verdes.
4: Ulmus americana: envés.
5: Ulmus americana: frutos.


Respecto a los olmos de pedúnculos cortos, esta sería la foto comparativa de sus frutos:


6: Ulmus minor: fruto.
7: Ulmus pumila: frutos.
8: Ulmus glabra: frutos.

viernes, 27 de abril de 2012

Una de cañas

Hoy traemos las cañas o cañotas al ecotono, especialmente a Arundo mediterranea, una gramínea de menor talla y menos conocida que su pariente la muy extendida Arundo donax.

Arundo mediterranea en un camino.

Arundo mediterranea, la caña borde, es una especie perenne, con tallos menos gruesos que A. donax (por lo general de menos de 2 cm de diámetro, grosor que supera la segunda sin problemas) que puede alcanzar los 4-5 metros de altura. Fotografiamos (durante los pasados verano, otoño e invierno) una interesante población (de las dos especies) entre Casares y Manilva (Málaga), ya cerca de Cádiz y próxima al nivel del mar.

Otras características ayudan a separar a ambas especies: destacamos a continuación las principales.


Rizoma de A. mediterranea: los tallos salen muy juntos y, los externos, oblicuos.

Ambas cañotas emplean sus tallos subterráneos para expandirse, pero mientras que Arundo donax presenta largos rizomas donde los tallos nacen bien separados unos de otros permitiendo su crecimiento vertical, en A. mediterranea los rizomas son cortos, con los nacimientos de los tallos muy pegados entre sí, de manera que éstos se ven obligados a crecer de forma oblicua, lo que proporciona a la planta un aspecto inconfundible (con los tallos exteriores más o menos tumbados).


A la izquierda, Arundo mediterranea, y a la derecha (y atrás), A. donax, de mayor altura. Octubre.


La misma población, en enero. Los tallos exteriores de la caña borde salen inclinados, mientras que los de Arundo donax se mantienen erectos.

Las hojas de Arundo mediterranea son erguidas, a diferencia de las de A. donax, que (además de ser más anchas) siempre son colgantes en la parte inferior de los tallos. Las hojas de la primera especie forman un ángulo de unos 30º con el tallo principal, tal y como se muestra en las fotografías:





Porte de Arundo mediterranea en agosto: sus hojas miran hacia arriba.

Pero la principal característica de la caña borde (única, parece ser, entre su género), es la capacidad de emitir brotes secundarios desde el tallo principal desde el primer año de vida: Arundo donax, por su parte, presenta tallos "limpios" de ramificaciones, por tanto.


Ramificación del tallo principal en Arundo mediterranea.



Arundo donax: porte y hojas colgantes.


La morfología del rizoma de Arundo mediterranea impide que ésta se propague en grandes extensiones, por lo que suele presentarse en forma de individuos más o menos separados, así como mediante formas cespitosas (con aspecto de céspedes) como se muestra a continuación; esta forma de crecimiento no se presenta nunca en A. donax.



Detalle de los "céspedes" de Arundo mediterranea.


Otra vista de estos brotes tan característicos, algo mayores.

Respecto al hábitat también existen diferencias: mientras que Arundo donax es una especie asociada a los cursos de agua, zonas encharcadas, humedales y otros hábitats con presencia constante de humedad, A. mediterranea no es una especie riparia, aunque aparece en terrazas fluviales y acompañando a la primera, pero siempre más alejada del agua. De hecho, se comporta más bien como especie viaria (presente en los caminos).


Otra vista de la población de caña borde creciendo junto a un camino de tierra.

Las poblaciones españolas (presentes desde Cataluña hasta Andalucía, con citas en la Depresión del Ebro) de esta especie han sido tradicionalmente asignadas a Arundo plinii (especie que se encuentra también en el Mediterráneo: Francia e Italia, sin alcanzar nuestro país), pero la revisión del género ha confirmado a A. mediterranea como planta española (aquí el artículo). También se cita en el norte de África.

Por último, señalar que mientras la caña Arundo donax es una especie foránea, invasora y muy agresiva, A. mediterranea es una especie autóctona (mientras no se demuestre lo contrario), lo que debería obligar a una identificación minuciosa de las especies presentes cuando se trate de eliminar o gestionar poblaciones de la primera.




martes, 17 de abril de 2012

Flora amenazada: Fumana fontanesii

La cistácea Fumana fontanesii es un arbusto de un metro de altura, de tallos glaucos, erectos, con hojas únicamente cuando éstos son jóvenes; las hojas son ovales y planas. Se trata de otra de las especies amenazadas en nuestro país que vive en medios semiáridos.




Presenta flores solitarias con pétalos amarillos; los tres sépalos internos son ovado-lanceolados, con nervios prominentes y glabrescentes. Los otros dos sépalos restantes, los externos (forman un epicáliz), son lineares y de apenas 5 mm de longitud, como se aprecia en la fotografía.




Como buen representante del género Fumana, los estambres externos son estériles (carecen de anteras) y en esta especie se presentan muy reducidos. Florece entre marzo y abril.


Detalle de la flor de Fumana fontanesii.

En Sierra Espuña (Región de Murcia) se presenta en matorrales abiertos, cunetas y como acompañante de los pinares de pino carrasco, sobre sustratos pedregosos, de naturaleza arcillosa o caliza. Además habita en el Magreb y hace unos años se descubrió en España una segunda población, más numerosa que la murciana, aunque algo alejada de ésta, en Carcabuey (Córdoba). En el siguiente link, los datos de la población andaluza.



Hábitat: matorrales próximos a pinares de Pinus halepensis en Sierra Espuña.

miércoles, 11 de abril de 2012

Los renuevos de las rosáceas

Algunas notas de campo del pasado fin de semana.


Pyrus bourgaeana

En el monte de Valdelatas vemos por primera vez piruétanos (Pyrus bourgaeana), formando una pequeña población en un encinar, a la vera de un camino. En Madrid lo habíamos visto (escaso) en el oeste de la región, pero nunca tan a las puertas de la capital.




Se trata un arbolito espinoso que acaba de sacar las hojas y ninguno de los pies presentes tiene flores.




Cerca, otras rosáceas del monte formadoras de setos empiezan a sacar sus renuevos, como los majuelos y los rosales silvestres (Rosa canina el más frecuente por aquí).




Como acompañante de los piruétanos, aunque mucho más frecuente dentro del encinar, destaca la presencia del labiérnago (Phillyrea angustifolia).


Phillyrea angustifolia

En Guadalix de la Sierra, en el dominio del quejigar, de momento pocas especies en flor: prácticamente la única especie que vemos con flores es una hierba vivaz de la familia de las rosáceas precisamente: Potentilla neumanniana.




Como en Valdelatas, los rosales silvestres muestran sus primeras hojas, aunque sobre estos terrenos calizos la especie dominante es -con diferencia- Rosa micrantha.


Porte de Rosa micrantha.


Este es un rosal cuyo envés está cubierto de pequeñas glándulas de color castaño y con los sépalos caducos y reflejos, como se muestra en las siguientes fotografías. En los pedicelos de los frutos que todavía quedan también se aprecian las glándulas.






Entre los roquedos, al final de la tarde encontramos una culebra lisa (Coronella girondica), animal bastante pausado (al menos para lo que suelen ser las serpientes) que aprovechamos para fotografiar antes de irnos.






Hábitat: pedreras de roca caliza entre quejigares y sus matorrales acompañantes.

viernes, 6 de abril de 2012

Por los aljezares y encinares del sur madrileño

01/04/2012: Sur de Madrid (entre Colmenar de Oreja y Villamanrique de Tajo).

Recorrido por el sur de la región, en una zona donde predominan los sustratos de tipo sedimentario (yesos) sobre una altitud media de 650 m.




Encontramos buenas muestras de encinares, atochares, albardinales y matorrales gipsícolas o aljezares (aquellos que crecen sobre los yesos); algunos kilómetros antes se atraviesa un excelente bosque de pino carrasco (probablemente autóctono), afortunadamente inaccesible para los visitantes. Más adelante los encinares van dando paso al paisaje de campiña, con cultivos herbáceos y alguna parcela de olivos en las partes más llanas.






La falta de lluvias acentúa el aspecto ya de por sí árido de estos paisajes; de momento pocas especies lucen en flor. Sobre los yesos crecen Helianthemum squamatum, Gypsophila struthium, Centaurea hyssopifolia, etc. Buenas poblaciones de Ephedra nebrodensis, que forma unos densos arbustos casi tapizantes (¿adaptación al diente del ovino?).


Matorrales gipsícolas con predominio de Centaurea hyssopifolia.


Ephedra nebrodensis

La especie más tempranera en florecer es la carrasquilla o hierba de las siete sangrías (Lithodora fruticosa), el arbusto que mayor número de flores abiertas presenta y el más visitado por varias especies de dípteros y abejas.



Entre las cabezuelas secas de Centaurea hyssopifolia destacan algunos ejemplares de lechetrezna Euphorba serrata, con las flores casi abiertas.




En las zonas de ladera abundan los espartos o atochas (Stipa tenecissima), que forman densas macollas y de momento no parecen tener prisa por florecer; otra gramínea perenne pariente del esparto, el albardín (Lygeum spartum), forma pequeños rodales en las zonas inferiores, donde se acumulan sales.



Atochas (Stipa tenacissima).


Lygeum spartum

Los encinares mantienen el tipo frente a las altas temperaturas y falta de agua; crean un ambiente más fresco en sus inmediaciones, por lo que algunas especies aprovechan para crecer a su vera, como el espino negro (Rhamnus lycioides) o incluso las coscojas (Quercus coccifera).


Tronco de encina.


Rhamnus lycioides


La hoja de la coscoja es glabra (y del mismo color verde brillante) por ambas caras...


... mientras que la de la encina presenta el envés tomentoso y el haz de un tono apagado. Sobre esta encina, una Iphiclides feisthamelii.


Algunas aulagas (Genista scorpius) de gran porte también crecen junto a las encinas, siendo prácticamente la única especie en flor del encinar.



En una hacienda abandonada encontramos un árbol que llama nuestra atención: se trata de un enorme pino carrasco con el tronco partido a media altura cuyas ramas han seguido creciendo pero hacia abajo, de manera que sus hojas forman una densa maraña que cubre un amplio perímetro; las ramas han tenido que ser apuntaladas con altas estacas.







Se adjuntan algunas fotos comparativas entre el tamaño del pino y la hacienda. Los conos masculinos del pino se encuentran a punto de madurar.







Maquinaria agrícola abandonada.