jueves, 4 de octubre de 2018

Ordesa en septiembre

Aprovechamos la estancia en Jaca durante la primera semana de septiembre para acercarnos un día al Valle de Ordesa (Huesca), uno de los lugares emblemáticos de la naturaleza española (acaba de cumplir ahora cien años como Parque Nacional). Vamos a recorrer la ruta más conocida de todas: la que parte desde la pradera (1.300 metros de altitud) y, pasando por las Gradas de Soaso, asciende hasta la Cascada de la Cola de Caballo (1.755 m).

Nos encontramos en la cuenca del río Arazas y, entre ida y vuelta, al final son casi 18 kilómetros de ruta: no sé por qué, pero la recordaba más corta (síntoma inequívoco de "viejunez"...). Recorremos fundamentalmente ambientes boscosos eurosiberianos (hayedos, abetales, bosques mixtos, etc.), pero también praderas, megaforbios, laderas rocosas, gleras y otros medios rupícolas, por lo que la variedad de especies es enorme. Traemos una muestra de las plantas que encontramos por el camino.

Al principio de la ruta encontramos abetos, pinos (como en esta foto) y especies caducifolias como el fresno (Fraxinus excelsior) de la foto anterior.

Olmo de montaña (Ulmus glabra) y sargas (Salix eleagnos) frente al abetal.

Acer platanoides

Otro arce, el acirón (Acer opalus).

Sotobosque con matorral de Emerus majus.

Frutos del falso regaliz (Astragalus glycyphyllos).


Algunos abedules empiezan a amarillear.


La belladona (Atropa belladona) con los primeros frutos y las últimas flores.


Frutos e inflorescencia de la sabuda (Angelica sylvestris).

Donde se rompe el bosque se generan nuevas oportunidades y siempre prospera la vida.

Una madreselva arbustiva que en España vive solamente en Pirineos: Lonicera nigra, con sus bayas oscuras características.

Aspecto del ramaje y hojas de Lonicera nigra.

Prenanthes purpurea

Un gusano del género Gordius, muy abundante en toda la ruta, que habita próximo al agua. Se trata de un ser inquietante cuyas larvas parasitan a diversas clases de artrópodos.

Otro arbusto del noreste ibérico, la leguminosa Cytisophyllum sessilifolium, con frutos.

La oreja de oso (Ramonda myconi), una especie rupícola, ya sin flores.

En un paredón rezumante fotografiamos a las grasillas (Pinguicula longifolia), una especie insectívora, y a las Parnassia palustris, de flores blancas.


Hojas y porte del arbolillo Salix caprea.

Laserpitium nestleri


Llegamos al bosque de las hayas.

Estamos todavía en verano pero llueve todas las tardes: se ven bastantes setas, al menos para lo que esperaba para esta época del año.

Rosa villosa

Astrantia major, una umbelífera propia de ambiente nemorales.

Bupleurum falcatum


Laserpitium siler, porte y frutos.

Pedicularis foliosa

Aconitum vulparia, un habitante de los megaforbios.

Avanzadilla de fresnos (Fraxinus excelsior) en la pradería.

Frutos maduros del pudio (Rhamnus alpinus).

Leuzea centauroides, una especie que supera el metro de altura.

Serbal de cazadores (Sorbus aucuparia) con fresnos, abedules, etc.

Eryngium bourgatii

Varios ejemplares de Centaurea scabiosa.



Gentiana cruciata

Vista parcial de las Gradas de Soaso. Aunque no están tan agobiantemente concurridas como en agosto, es imposible hacer una foto sin que aparezca gente en los alrededores.

Rhinanthus pumilus, la cresta de gallo.

Pinos royos (silvestres) y abedules creciendo en una ladera.

Lagartija roquera (Podarcis muralis) tomando el sol.

Otra madreselva: Lonicera pyrenaica, porte.


Scabiosa columbaria, una hierba perteneciente a la familia de las dipsacáceas.


Espectaculares vistas del circo glacial, poco antes de alcanzar la cascada. Hemos dicho que todas las tardes llovía, ¿verdad?


El erizón Echinospartum horridum todavía mantiene algunas flores. 


Esta tarde no es una excepción: nos da para hacer una foto rápida a la cascada antes de que se ponga a jarrear.


Durante el descenso, cuando para de llover, volvemos a sacar la cámara para disparar algunas fotos más. En este caso se trata de la umbelífera Laserpitium gallicum, con folíolos terminales lanceolados.

Población de Mercurialis perennis en el suelo del hayedo.

Lactuca muralis

Veronica ponae

Galeopsis angustifolia

Scrophularia alpestris

Flores de Antirrhinum majus.

Ambiente del hayedo-abetal.


Artemisia vulgaris, el ajenjo.

Las hojas de la boraginácea Pulmonaria affinis, otra planta del interior del hayedo.

Las hayas (Fagus sylvatica) al atardecer.

Una curiosidad: la foto que encabeza el blog la hice hace tres años aquí mismo; vuelvo a disparar sobre el tronco caído (sus restos) y comparo. Durante este periodo los fresnos han crecido significativamente más que los pinos; por su parte, las sargas también han pegado un buen estirón...

Otra especie señera del hayedo: la uva de raposa (Paris quadrifolia), una herbácea perenne.

En este caso, otra uva de raposa con el fruto que da nombre vulgar a la especie.

Vista al atardecer de las imponentes moles calizas que bordean al río Arazas.

Ajedrea (Satureja montana).

También la lantana o morrionera (Viburnum lantana) presenta los frutos con un aspecto plenamente otoñal.



Con los frutos y hojas de otra umbelífera más, Laserpitium latifolium, nos despedimos de Ordesa: majestuosidad, espectacularidad, diversidad y muchos recuerdos acumulados. Ya estoy deseando volver de nuevo.
 


2 comentarios:

  1. Qué maravilla....En mi caso, Ordesa, por haber estado tantas veces (por cercanía), lo acabas viendo monótono. Pero es cierto que si tardas en ir, cuando llegas a la pradera y ves el ambiente magnífico en todas direcciones, te das cuenta de la maravilla que es. A ver si me escapo este otoño y trató de identificar un 10% de las especies que aparecen en tu post. ;-). Un saludo y enhorabuena por tu blog!

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  2. La verdad es que el post ha quedado bastante largo, pero qué narices, que hablamos de Ordesa y nunca había aparecido hasta la fecha en el blog...

    Qué suerte, Óscar, que tengas tan a mano tanto Ordesa como el resto del Pirineo: a mi en otoño me es imposible escaparme hasta allí, así que este acercamiento de septiembre me ha sabido a gloria.

    Un saludo.

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