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viernes, 16 de agosto de 2019
lunes, 8 de octubre de 2012
Arbustos del pinsapar
Recorrido por un bosque de pinsapos de la Sierra de las Nieves (Málaga) a finales de agosto; seleccionamos algunos de los arbustos más representativos que aparecen desde los 1.300 hasta los casi 1.800 metros de altitud, en esta ocasión sobre calizas.
En la parte más baja del recorrido los pinsapos conviven con pinos carrascos y encinas.
Los pinsapos se encuentran en la umbría de la montaña; en este caso, en el interior del bosque, sobre un claro, crecen bien los jóvenes abetos, acompañados de Ulex baeticus, Lavandula lanata, y -en el centro de la fotografía- el endemismo Ononis reuteri.
Porte de Ononis reuteri, una leguminosa arbustiva endémica de estas sierras.
Este individuo todavía presenta restos de las últimas flores entre los frutos recién formados.
En esta otra imagen se aprecian otras especies creciendo con los pinsapos: Daphne laureola y el rosal silvestre Rosa sicula, un caducifolio de frutos carnosos que ahora se encuentran bastante maduros.
Detalle de Rosa sicula: infrutescencia, con sépalos erectos y hojas; buena parte de la planta se encuentra cubierta de glándulas.
Descubrimos una zona de lapiaces cercada, suponemos que para evitar el acceso del ganado (muy numeroso) o las cabras monteses a alguna especie vegetal escasa o amenazada. El caso es que, desde fuera, parece que lo que se protege es una pequeña población de Ephedra ¿distachya?
Otro arbusto que aparece acompañando a los espinares de la Sierra de las Nieves, la ramnácea Rhamnus infectoria (espino de tintes), también con las drupas casi maduras.
En la misma zona, algunos pies de la rosácea Prunus prostrata, bastante machacados por la sequía y el sobrepastoreo; son plantas fuertes bien adaptadas al clima mediterráneo que si el otoño viene húmedo levantarán cabeza...
Tras los espinares, accedemos a la zona de sabinar-enebral. Dos especies dominan este hábitat: la sabina rastrera (Juniperus sabina) y el enebro (Juniperus hemisphaerica).
Ramillas y frutos verdes de Juniperus sabina.
Por encima de las sabinas, se adueñan del paisaje los piornales espinosos, como muestra la siguiente fotografía.
Entre ellos, algunas leguminosas, como Astragalus nevadensis (las dos siguientes fotos: porte y ramillas) o Erinacea anthyllis (tercera fotografía):
Aunque en esta época del año, la especie más llamativa es la umbelífera Bupleurum spinosum, que destaca sobre todas las demás por encontrarse en flor durante el verano.
martes, 8 de noviembre de 2011
Flora amenazada: el bonetero de hoja ancha (Euonymus latifolius)
El bonetero de hoja ancha (Euonymus latifolius) es un arbusto caducifolio alto (puede superar los tres metros de altura) descubierto en España a finales de la década de los setenta en las Sierras de Cazorla-Segura; venimos a buscarlo y fotografiarlo a finales de septiembre.
Se diferencia del bonetero Euonymus europaeus (un arbusto común en los setos de los bosques caducifolios de la mitad norte peninsular), fundamentalmente, en la anchura y forma de las hojas y en la cápsula carnosa que conforma su fruto.
Así, en E. latifolius las hojas son más anchas que en E. europaeus (oblongo-elípticas de hasta 7 cm de ancho las primeras por ovado-lanceoladas de 4 cm de ancho las segundas); el fruto del bonetero de hoja ancha, por su parte, forma una cápsula con 4-5 valvas aquilladas que le dan cierto aspecto estrellado, mientras que su congénere tiene el fruto formado siempre por cuatro valvas redondeadas.
Aunque ahora se conocen unas cuantas poblaciones repartidas por el parque natural, todas ellas con poquísimos individuos, la que visitamos es la primera población descubierta en nuestro país, que además es la que se encuentra a mayor altitud (1.900 metros), en plena alta montaña jienense. Aquí, los pocos pies que quedan crecen en el interior de un afilado lapiaz, en una zona casi intransitable. Las demás poblaciones andaluzas crecen por debajo de esta cota, siempre en ambientes umbríos y frescos o, incluso, medios riparios.
La principal amenaza a la especie la constituyen los hervíboros silvestres (cabras monteses y muflones, en las zonas altas del parque), que impiden el asentamiento de nuevos plantones y consumen los brotes de los pies adultos. Como curiosidad, en estos y otros lapiaces de este espacio natural (antes de ser vallados para impedir el acceso de los rumiantes), las distintas especies de arboles y arbustos (arces, madreselvas arbóreas, espinos, tejos, mostajos, etc.) que crecían entre las grietas, arraigando por debajo de la superficie visible del lapiaz, eran sistemáticamente "segadas" por los dientes de los herbívoros, de forma que no llegaban a asomar por la parte superior de las grietas.
Aparte de las especies ya mencionadas, en Cazorla-Segura hemos visto acompañando a los boneteros, en pleno dominio del pino laricio, a muchas plantas interesantes: sabinas rastreras (Juniperus sabina), Daphne oleoides, Fumana baetica, Genista pseudopilosa, etc.
Tras su hallazgo en tierras andaluzas, posteriormente se han ido encontrando otras poblaciones en la mitad oriental peninsular, siempre en sierras de naturaleza caliza o margo-caliza, como en Aragón (Javalambre, Teruel) o Castilla-La Mancha (Palomera, Cuenca); se espera que queden ejemplares, asimismo, en las vecinas serranías de Castellón, donde hasta ahora se ha buscado sin éxito.
Euonymus latifolius
Se diferencia del bonetero Euonymus europaeus (un arbusto común en los setos de los bosques caducifolios de la mitad norte peninsular), fundamentalmente, en la anchura y forma de las hojas y en la cápsula carnosa que conforma su fruto.
Así, en E. latifolius las hojas son más anchas que en E. europaeus (oblongo-elípticas de hasta 7 cm de ancho las primeras por ovado-lanceoladas de 4 cm de ancho las segundas); el fruto del bonetero de hoja ancha, por su parte, forma una cápsula con 4-5 valvas aquilladas que le dan cierto aspecto estrellado, mientras que su congénere tiene el fruto formado siempre por cuatro valvas redondeadas.
Hojas y frutos maduros y abiertos, ya sin las semillas.
Aunque ahora se conocen unas cuantas poblaciones repartidas por el parque natural, todas ellas con poquísimos individuos, la que visitamos es la primera población descubierta en nuestro país, que además es la que se encuentra a mayor altitud (1.900 metros), en plena alta montaña jienense. Aquí, los pocos pies que quedan crecen en el interior de un afilado lapiaz, en una zona casi intransitable. Las demás poblaciones andaluzas crecen por debajo de esta cota, siempre en ambientes umbríos y frescos o, incluso, medios riparios.
Un bonetero de hoja ancha se "asoma" entre las grietas del lapiaz; aunque este ejemplar medía más de dos metros de altura, desde afuera sólo se aprecia la parte superior del mismo.
La principal amenaza a la especie la constituyen los hervíboros silvestres (cabras monteses y muflones, en las zonas altas del parque), que impiden el asentamiento de nuevos plantones y consumen los brotes de los pies adultos. Como curiosidad, en estos y otros lapiaces de este espacio natural (antes de ser vallados para impedir el acceso de los rumiantes), las distintas especies de arboles y arbustos (arces, madreselvas arbóreas, espinos, tejos, mostajos, etc.) que crecían entre las grietas, arraigando por debajo de la superficie visible del lapiaz, eran sistemáticamente "segadas" por los dientes de los herbívoros, de forma que no llegaban a asomar por la parte superior de las grietas.
Un macho montés (Capra pyrenaica) descansa entre las rocas calizas.
Aparte de las especies ya mencionadas, en Cazorla-Segura hemos visto acompañando a los boneteros, en pleno dominio del pino laricio, a muchas plantas interesantes: sabinas rastreras (Juniperus sabina), Daphne oleoides, Fumana baetica, Genista pseudopilosa, etc.
Porte de Juniperus sabina.
Tras su hallazgo en tierras andaluzas, posteriormente se han ido encontrando otras poblaciones en la mitad oriental peninsular, siempre en sierras de naturaleza caliza o margo-caliza, como en Aragón (Javalambre, Teruel) o Castilla-La Mancha (Palomera, Cuenca); se espera que queden ejemplares, asimismo, en las vecinas serranías de Castellón, donde hasta ahora se ha buscado sin éxito.
Vista de los pinares de Pinus nigra desde el hábitat del bonetero de hoja ancha (1.900 metros de altitud).
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