domingo, 28 de noviembre de 2010

Flora amenazada: Antirrhinum charidemi

10/11/2010: Sierra del Cabo de Gata (Almería).

 Litoral almeriense desde la sierra del Cabo de Gata.

 El dragoncillo del Cabo de Gata (Antirrhinum charidemi) es un endemismo que crece exclusivamente sobre los terrenos volcánicos de este parque natural, desde los 50 a los 500 metros de altitud.
  
 Porte de A. charidemi (sin flores) creciendo sobre una fractura.

A. charidemi: flor y hojas superiores (alternas)

Se trata de un arbusto de hasta medio metro de altura, pubescente, con grandes flores de color rosa y venas púrpuras, por lo general alternas, con el pétalo superior erecto-patente y fruto en cápsula. Puede encontrarse en flor en prácticamente todo el año.

Las hojas, de elípticas a suborbiculares, obtusas, son alternas en la parte superior de las ramas, mientras que hacia abajo se presentan opuestas, tal y como se muestra en las fotografías.

Hojas inferiores elípticas y opuestas. 

Entre las especies que acompañan a A. charidemi, aparecen otros endemismos del Cabo de Gata: Teucrium charidemi, Dianthus charidemi, Sideritis osteoxyllaUlex canescens.

 
Algunas especies acompañantes: Lavandula multifida.


Primeras flores de Thymus hyemalis.

Entre todas ellas destaca por estar ahora en flor y su porte arbustivo semiesférico, el tojo Ulex canescens, que presenta tallos, ramas y espinas seríceos, con pelos aplicados, así como unas fuertes espinas rectas (a diferencia de otras especies del género, las espinas secundarias -las que crecen a partir de las principales- son rectas, no curvas). También resultan características sus flores de color amarillo claro.

Porte de U. canescens; palmitares creciendo en el barranco del fondo.

Espinas, donde se aprecia la presencia de pelos seríceos, y flores de U. canescens

Crece, asimismo, sobre los terrenos volcánicos, en exposiciones de solana.

 Lycium intricatum
  
Otras especies que pueden observarse son los palmitos (Chamaerops humilis), bufalagas (Thymelaea hirsuta), diversas quenopodiáceas (Anabasis articulata, Salsola genistoides, Atriplex glauca, etc.), labiadas (Ballota hirsuta, Phlomis purpurea, Thymus hyemalis, Lavandula multifida, etc.), compuestas (Launaea arborescens, L. lanifera, etc.), Lavatera maritima, Paronychia suffruticosa, Genista spartioides, Helianthemum almeriense, Lycium intricatum o la asclepiadácea Periploca laevigata.

Periploca laevigata:  frutos formándose (izquierda), hojas y flores. 

 Fruto abierto de P. laevigata mostrando las semillas con penachos para ser dispersadas por el viento.

Porte de Launaea lanifera. 

 Flores de L. lanifera.

 Mirador de Las Sirenas.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Madroños: el género Arbutus en España

Siguiendo con los madroños, a estas alturas de noviembre se encuentran maduros sus frutos, por lo que es un momento apropiado para presentar a las especies españolas de este género.

Dos especies en nuestro país, una presente en las serranías de gran parte de la Península y Baleares (Arbutus unedo), y otra en Canarias (Gran Canaria, Tenerife, La Gomera, La Palma y El Hierro): el madroño canario (A. canariensis).

Flores y frutos de A. unedo.

Los madroños son árboles de la familia de las ericáceas, de hojas subcoriáceas, persistentes, con forma lanceolada (u oblongo-lanceolada) y borde serrado. Presentan flores urceoladas que se reunen en inflorescencias paniculiformes, de color blanco o con tonos rosáceos. Frutos anaranjados en baya.

Aunque no conviven de manera natural (sí se pueden encontrar ejemplares cultivados de A. unedo en Canarias, ojo), A. canariensis tiene hojas de mayor tamaño (hasta 15 centímetros de longitud y 3 de anchura) que A. unedo, que son, además, más pálidas (incluso algo glaucas) por el envés.

 Ramas y hojas de A. canariensis.

Frutos de A. canariensis en verano y hojas (donde se aprecia la diferencia entre haz y envés).

Las ramas jóvenes y las inflorescencia de A. canariensis están cubiertas por unos pelos cortos rojizos muy característicos. Los frutos de este último, una vez maduros, pueden alcanzar los tres centímetros de diámetro, resultando mayores que los de A. unedo.

Envero de los frutos de A. canariensis a finales de verano. Se aprecia la pilosidad rojiza en los pedúnculos y resto de infrutescencia.

Frutos maduros de madroño canario.

Por último, la corteza de A. canariensis se desprende en placas, quedando un tronco liso de color pardo-rojizo inconfundible.

 Troncos de A. canariensis plantados en Aguamansa (Tenerife).

A. canariensis es una especie típica de los bosques de laurisilva, aunque también se encuentra en las exposiciones más húmedas de los pinares de pino canario, conviviendo en este caso con otras especies arbóreas propias del fayal-brezal (Myrica fayaErica arborea, E, scoparia subsp. platycodon, Picconia excelsa, etc.), como sucede en la Corona Forestal que rodea al Teide en Tenerife.

Hábitat en la Corona Forestal, en orientaciones húmedas en bosques de pino canario.

Lo hemos visto en flor en el mes de noviembre en Gran Canaria (donde los bosques de laurisilva se encuentran más reducidos) y con los frutos maduros en septiembre, en Tenerife.

Floración de A. canariensis.

En cuanto a A. unedo, como ya se ha indicado, está presente en los ambientes forestales de gran parte de la Península (solamente falta en las zonas más continentales del interior y en las áreas más áridas) y Baleares, en cualquier tipo de suelo y asociado generalmente a bosques esclerófilos (encinares y alcornocales) o de hoja marcescente (quejigares y melojares), siempre en exposiciones húmedas y con temperaturas suaves.

A. unedo fotografiado entre Salamanca y Cáceres.

Si hubiese nombrar a una especie asociada al madroño (en la Península y Baleares), ésta sería la mariposa del madroño (Charaxes jasius), lepidóptero especializado cuya larva se alimenta exclusivamente de las hojas de A. unedo, sin que cause daños de consideración en los árboles.

  Imago de Ch. jasius vigilando su territorio en una madroñera de Sierra Bermeja (Málaga).

Ch. jasius descansando sobre Frangula alnus subsp. baetica, en Los Alcornocales (Cádiz).

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Bosques otoñales en Somosierra

06/11/2010: Otoñada en Somosierra (La Acebeda y Robregordo), Madrid.

El otoño, cerca del puerto de Somosierra, mostrando su mejor cara; destaca la presencia de los siguientes bosques:

Melojares (bosques de Quercus pyrenaica), acompañados de setos y prados. En los setos, arraclanes (Frangula alnus), boneteros (Euonymus europaeus), Rhamnus cathartica, sauces (Salix atrocinerea), avellanos (Corylus avellana), etc.

Melojar en otoño.

 Setos, prados y bosques de galería acompañan a los robles melojos.

Bajo los melojos, un arbusto poco frecuente en la Comunidad de Madrid: el rosal silvestre Rosa arvensis, de largos tallos, tendidos sobre el suelo, ahora en fruto. Fácil de distinguir por ser patente en el fruto los estilos formando una columna, el pequeño tamaño de la úrnula (de un centímetro de grosor, aproximadamente), así como por la presencia de glándulas dispersas por el peciolo y los márgenes de los sépalos (algunos de ellos presentes todavía, como se muestra en la fotografía, pese a que la mayoría de los pies los han perdido ya), los cuales son prácticamente enteros (con pocos lóbulos).

Frutos de Rosa arvensis, manteniendo los sépalos. 

Tembledas (bosquetes de álamo temblón, Populus tremula), que acompañan a los arroyos o forman pequeños bosquetes entre los melojos o los pinares de pino silvestre (Pinus sylvestris), éstos últimos mucho más extendidos. Las especies arbóreas citadas anteriormente para los setos (avellanos, sauces, etc.) acompañan también a los temblones, así como enebros (Juniperus communis), brezos (Erica arborea) y otros.

 Álamos temblones.

Pinar de pino silvestre. 

Acebedas o bosques de acebo (Ilex aquifolium), de mayor extensión en Robregordo que en La Acebeda (pese al nombre), con mostajos y serbales (Sorbus aria, S. aucuparia), hiedras (Hedera helix), cerezos (Prunus avium), algún roble albar (Quercus petraea), Quercus pyrenaica y matorrales de leguminosas en los límites del bosque (Genista florida, G. cinerascens, Cytisus striatus, Adenocarpus hispanicus, etc.).

 Acebeda de Robregordo.

 Pie femenino de acebo con frutos.

Mostajo (Sorbus aria) entre los acebos. 

Cerezo (Prunus avium).

En los pastizales más degradados, sobre estos suelos silíceos, prospera la compuesta Senecio adonidifolius, ahora con los tallos prácticamente secos.


 Matorrales de leguminosas arbustivas en los límites de la acebeda.

Senecio adonidifolius 

Por último, mencionar la abundancia de las principales especies de zarzamoras madrileñas a lo largo de todos los caminos y huecos del bosque: Rubus ulmifolius, R. castellarnaui, R. lainzii y R. caesius.


Rubus lainzii 

 Rubus caesius

domingo, 7 de noviembre de 2010

Flora amenazada: Rhamnus legionensis

La especie española más escasa entre las incluidas en la familia de las ramnáceas es, sin duda, Rhamnus legionensis, circunscrita a unas pocas localidades del noroeste ibérico.

Se trata de un arbusto inerme (no espinoso), rastrero, que crece pegado a las rocas, tapizando el sustrato; presenta ramas opuestas y hojas pequeñas (con formas que van de ovado-lanceoladas a elípticas), con borde crenulado, pubescentes por ambas caras y con un corto peciolo (también pubescente).

Ejemplar de Rh. legionensis cubriendo una importante superficie de roca.

Ramas y hojas de un pie de Rh. legionensis que crece entre las grietas calizas.

Para algunos autores se trataría de una forma local de la más extendida Rhamnus pumila, por lo que a veces aparece citada como Rhamnus pumila subsp. legionensis, si bien parece que existen suficientes diferencias morfológicas como para que puedan ser reconocidas como especies distintas.

Hojas cortamente pecioladas de Rh. legionensis, donde se aprecia la pubescencia por ambas caras.

Se conocen pocas poblaciones, todas ellas entre Orense y El Bierzo (León), correspondiendo a esta última zona las fotografías de la entrada.

Aspecto otoñal de las montañas calizas en El Bierzo (noviembre).

Se trata de una especie que crece exclusivamente en paredones verticales de roca caliza (un tipo de roca escaso en el noroeste del país), no habiéndose encontrado en ningún otro medio, a una altitud que va desde los 500 a los 1.500 metros.

Entre las especies leñosas y vivaces semileñosas con las que comparte hábitat destacan Daphne laureola, Campanula adsurgens (C. arbatica subsp. adsurgens), Erodium glandulosum, etc. Algunos ejemplares de las dos últimas especies citadas se encontraban en flor a comienzos del mes de noviembre.

 Daphne laureola

 Campanula adsurgens

 Erodium glandulosum

 Primer plano de la flor de Erodium glandulosum.

Asimismo, resultan destacables las poblaciones de tejos (Taxus baccata) que pueden verse en la zona, acantonadas en las zonas más inaccesibles y altas de estas peñas.

 Tejos próximos al borde superior de los paredones calizos.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Madroños rupícolas en la Sierra de Hoyo de Manzanares

01/11/2010: Sierra de Hoyo de Manzanares (Madrid)

Dos especies poco frecuentes en estado silvestre en Madrid se citan en la Sierra de Hoyo de Manzanares: el alcornoque (Quercus suber) y el madroño (Arbutus unedo).

Frente al predominio de encinas y enebros en el estrato arbóreo, destacan las copas de los alcornoques, de un verde más intenso, que aparecen diseminados por el territorio, mientras que los madroños (mucho más escasos) crecen en determinadas repisas, prácticamente verticales, entre las diaclasas de los bloques de granito. Probablemente se trate de poblaciones residuales, en otro tiempo mucho más prósperas, que han encontrado refugio frente al ganado en estas posiciones.

Varios pies de Q. suber, con copas más oscuras que las de las encinas -en primer término-, y un pie de A. unedo colgando de una pared de granito.

El alcornoque, habitualmente asociado a suelos profundos y frescos, aquí crece sobre la misma roca madre.

Porte de Quercus suber. 

A comienzos de noviembre la floración de los madroños existentes es total; frente a la importante cantidad de flores que presentan, destaca la ausencia casi completa de frutos (procedentes de la floración del año pasado).


 Ejemplar de madroño creciendo en una grieta.


 Rama florida del ejemplar anterior.

Inflorescencia de A. unedo. 

 Un abejorro del género Bombus polinizando las flores.

 Otro ejemplar de madroño dominando el encinar.

 Aparte de encinas y enebros, destacan jaras pringosas, cantuesos, mejoranas (Thymus mastichina) y otros matorrales propios de estos suelos de reacción ácida; bajo alguno de los pies de madroño, presencia de Lonicera etrusca y Paeonia broteroi (ahora con los folículos abiertos, mostrando las semillas).


 Fruto abierto de Paeonia broteroi.

Además de los madroños, presencia de otras especies en flor: Antirrhinum graniticum, Centaurea alba, Petrorhagia nanteuilii, Andryala integrifolia, Dianthus lusitanus, Helichrysum stoechas, etc.



 Antirrhinum graniticum

 Petrorhagia nanteuilii

 Centaurea alba

 Helichrysum stoechas